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La música lo que (casi) nadie te cuenta de ella 

Tabla de contenidos

La música es otra de esas áreas de la cultura donde nuestra voz está menos representada y valorada, así lo demuestra Júlia Salander y Marta Herson desde dos miradas muy diferentes pero complementarias. De eso hablé en una de las últimas newsletters que hoy te traigo aquí:

El otro día escuché por primera vez a Júlia Salander.

Está cerca de los 200 mil seguidoras en redes sociales, pero que quieres que te diga, yo no sabía de su existencia.

Ahora sí.

Y si a ti tampoco te suena, te resumo rápido:

Es politóloga, analista de datos y tiene un libro Tu argumentario feminista en datos donde hace un análisis basado en estadísticas y estudios sobre temas como la maternidad, la violencia estética y la música.

Sí la música.

Datos que afirman que en el campo de la música también hay mucho que hacer

  • Más del 70% de los grupos en los grandes festivales están compuestos solo por hombres.
  • Solo un 13% son grupos integrados únicamente por mujeres.
  • En los grupos mixtos, los papeles de liderazgo y visibilidad suelen estar ocupados por hombres.
  • Las mujeres solistas tienen que “dar más”: más imagen, más espectáculo, más energía, más cuerpo. Júlia pone el ejemplo de Taylor Swift.
  • Y lo de siempre, la representación de las mujeres está sexualizada, y a menudo instrumentalizada, no basta con cantar bien, hay que encajar en el molde estético.

No es algo distinto a otras áreas, pero quizá en la música, llama la atención porque las mujeres siempre fuimos guardianas de la música, del ritmo y de la voz.

Claro, que eso era antes, en los tiempos en los que la música arropaba a la vida, cuando la música era orgánica y no se subía a escenarios.

Algo se rompió y pasamos de sentirnos música a hacer un consumo de la música.

Pagamos una entrada a un concierto.
Damos like a un video de youtube.
O nos ponemos una playlist en Spotify.

Por eso en la música también es importante ponernos las gafas moradas.

Señalando esa desigualdad como hace Júlia Salander, pero también como nos propone Marta Herson.

Una invitación a salir del sistema y los patrones establecidos para recordar lo que nunca debimos olvidar, la música es nuestra.

Un activismo desde el cuidado, el juego y el disfrute.
Desde la comunidad, en círculo y la sororidad.
Sin líderes, ni partituras, ni mandatos.

Recuperar la música como un derecho, una herencia, un latido compartido.

Y antes de que te dejes atrapar por la exigencia, la comparación, el demostrar y que te digas que cantar, tocar o bailar no es lo tuyo, que no se te da bien y que no eres capaz echa un vistazo aquí.

No serías la primera en emocionarte con lo que eres capaz de crear, sentir y expresar.

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Sobre Júlia Salander

Es una politóloga, analista de datos y activista digital feminista española, conocida sobre todo por su trabajo de divulgación sobre feminismo, lesbianismo y desigualdad de género en redes sociales y medios.

Formación y perfil profesional

Se graduó en Ciencias Políticas por la Universidad de Barcelona, cursó un máster en Análisis Político (con Premio Extraordinario de Máster) y dos postgrados en Análisis de Datos y Business Intelligence. Ha trabajado como analista de datos en proyectos de investigación de universidades como la UB, Pompeu Fabra y Yale.

Activismo y contenido público

En redes sociales (sobre todo TikTok e Instagram) se ha convertido en una de las voces de referencia del feminismo digital, usando datos y estadísticas para explicar temas como violencia de género, mercado laboral, maternidad o estética. Presenta el podcast “Abro paraguas” (en Podimo), un espacio de debate sobre actualidad feminista.

Libros y proyectos editoriales

Es autora del libro “Tu argumentario feminista en datos”, donde conecta conceptos feministas con cifras y estudios para “responder con datos” a discursos machistas. También ha publicado “Fuego al machismo moderno”, un ensayo orientado a desmontar los nuevos discursos misóginos con argumentos basados en evidencia

Preguntas frecuentes sobre el lenguaje antiespecista

El lenguaje antiespecista es una forma de comunicación que evita expresiones que refuercen la idea de que los animales están al servicio del ser humano. Busca eliminar metáforas, insultos o refranes que normalizan la explotación, el sufrimiento o la cosificación animal, promoviendo una mirada más ética e igualitaria entre especies.

El especismo es la discriminación basada en la especie, es decir, considerar que los intereses humanos son superiores a los de otros animales. El lenguaje especista reproduce esta jerarquía cuando utiliza a los animales como insulto, metáfora negativa o recurso simbólico que trivializa su sufrimiento.

El ecofeminismo conecta la opresión de las mujeres con la explotación de la Naturaleza y de los animales. Autoras como Carol J. Adams o Marta Tafalla explican cómo el mismo sistema patriarcal que cosifica los cuerpos femeninos también convierte a los animales en objetos de consumo. El antiespecismo forma parte de esta crítica estructural.

Muchos refranes tradicionales incluyen referencias a la muerte o explotación animal como algo trivial o incluso humorístico. Revisarlos no significa censurar la cultura popular, sino tomar conciencia de cómo el lenguaje moldea nuestra percepción ética y buscar alternativas más respetuosas.

El antropocentrismo es la creencia de que el ser humano es el centro del universo y que la Naturaleza existe para su beneficio. Esta visión ha influido históricamente en la explotación ambiental y animal, y el ecofeminismo propone superarla mediante una ética del cuidado y la interdependencia.

El lenguaje construye imaginarios colectivos. Cuando usamos expresiones que cosifican a los animales, reforzamos la idea de que son recursos o símbolos y no seres sintientes. Un lenguaje más consciente puede fomentar empatía y respeto hacia otras especies.

Marta Tafalla reflexiona sobre la invisibilización del sufrimiento animal en la cultura. Carol J. Adams analiza la relación entre patriarcado y consumo de animales en La política sexual de la carne. Otras ecofeministas como Alicia Puleo o Vandana Shiva también abordan la conexión entre ética ambiental y justicia social.

El primer paso es la conciencia. Escuchar nuestras propias expresiones, cuestionarlas y buscar alternativas más precisas. No se trata de perfección, sino de coherencia progresiva. Igual que revisamos el lenguaje sexista, podemos revisar el lenguaje especista.

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