El 19 de noviembre, Día de la Mujer Emprendedora, viví uno de esos momentos que te hacen parar, respirar hondo y decir: vale, este camino hacia lo salvaje tiene sentido.
La Escuela Juana Millán celebraba la cuarta edición de sus premios, y allí, en el salón de actos del Ministerio de Igualdad, arropadas por mujeres valientes, tejedoras de economía y creadoras de mundos posibles, Hacia lo Salvaje fue galardonada como en la categoría Novel.
Y, mira, aunque suene cursi, lo sentí como un abrazo colectivo. Como si todas las manos que me han acompañado en este viaje, esa red que denomino “hermanas de tierra” hubieran subido conmigo al escenario.
Porque este proyecto nunca ha sido solo mío. Es una red viva que late en muchos territorios, en muchas voces, en muchos cuidados.
El premio Juana Millán que reconoce otra forma de movernos por el mundo
Cuando supe que habíamos conseguido este premio Juana Millán, sentí una mezcla rarísima, esa punzada de “¿seguro que de verdad soy yo?” y al mismo tiempo una claridad absoluta: sí, este es el camino.
¿Sabes por qué me emocionó tanto este premio Juana Millán? Porque la escuela Juana Millán ha sido clave para mí, ha sido un espacio de impulso, luz y arropo. No solo me han brindado herramientas, saberes y experiencia para hacer de Hacia lo Salvaje una propuesta sólida y viable sino una puerta abierta a una inmensidad de mujeres con las que colaborar y sostener esta otra forma de hacer emprender.
Un premio Juana Millán que no celebra la lógica de “crecer por crecer”, ni la del turismo depredador, ni la del éxito empaquetado en métricas vacías. Premia algo mucho más frágil y valioso: la valentía de sostener otra forma de hacer economía, más lenta, más humana, más conectada con la tierra.
Premia a las que cuidamos, a las que dudamos, a las que necesitamos tiempo, a las que hacemos las cosas desde el cuerpo y desde el territorio. Premia a las que creemos que los vínculos también cuentan como riqueza.
Y en eso, Hacia lo Salvaje es una apuesta clara: viajes que ponen la vida en el centro, con perspectiva ecofeminista y espíritu postcapitalista.
Viajes que no van a sumar países en un mapa, sino a encontrarnos con quienes ya están haciendo posible otro modelo: agroecología, economía circular, saberes ancestrales, regeneración, cuidados, comunidad.

Mis hermanas de tierra: la red que hace posible este sueño
A veces me preguntan: “¿Cómo haces para llevar tú sola un proyecto así?”.
Y siempre contesto lo mismo: yo sola, nada.
Este premio Juana Millán también pertenece a las mujeres que caminan conmigo, es red que denomino “Hermanas de Tierra”, las que me abren la puerta de sus territorios con la misma generosidad con la que se abre una ventana en una casa cerrada durante meses.
Están las que guían, las que cocinan, las que siembran, las que investigan, las que facilitan, las que alojan, las que sanan. Están también las ONG, los colectivos de la ESS, las iniciativas artesanas, rurales, creativas…
Todas ellas forman parte de esta constelación que sostiene cada viaje y cada podcast.
Y me encanta ver cómo cada vez somos más “Juanas”: las que un día nos sentimos raras, la oveja negra, la que no encaja, la que cuestiona el ritmo, la que pone los cuidados antes que la productividad. Las que nos dijeron que no teníamos los pies en la tierra… cuando en realidad teníamos las raíces más profundas que ellos.
La pregunta que lo cambió todo: “¿Y si sí?”
Un momento precioso de la gala fue escuchar a Elena Arribas, otra compañera de la escuela Juana Millán, qué mujer, qué energía, recordarnos una frase sencilla, pero poderosa: “¿Y si sí?”
Y claro, ahí me removió entera. Porque esa pregunta fue la que me sostuvo cuando decidí romper con mi vida anterior: una oficina en la Castellana, un sueldo estable, un camino “seguro” que nunca terminó de ser mío.
A veces me pregunto cómo aguanté tantos años en un lugar que me apagaba poquito a poco. Supongo que una aprende a decorar las jaulas para creer que no están tan mal. Hasta que un día algo te arde dentro y ya no puedes hacer como que no lo escuchas.
Tenía miedo, claro. Mucho.
Pero también tenía una intuición gigante que me decía:
Ana, ¿y si sí? ¿Y si esto que deseas con tanta fuerza fuera posible?
Lo peor que podía pasar era volver a donde estaba. Pero lo mejor… lo mejor era abrir una vida entera. Una vida más salvaje, más mía, más conectada con la naturaleza y con las personas que la cuidan.
Y aquí estoy. Sigo con la mochila llena de dudas, sí, pero también de certezas que antes no sabía ni que existían.
Y es que si algo he aprendido es que el emprendimiento es una escuela de aprendizaje continuo que no te la acabas nunca, por fin he abrazado a la “la eterna aprendiz” que soy, soltando la exigencia que me llevaba a la sensación de falta de control, de inseguridad, para poner el foco en la ilusión y motivación de estar caminando, en movimiento, hacia algo que nos da la vida. Estoy aprendido a pedir ayuda, a trabajar desde mis ritmos y a darme el permiso y el gustazo de invertir en mi proyecto de la mano de mujeres de esta red.
Lo que significa “ponerle color a la economía”
La campaña de esta edición de los premios tenía un lema precioso: “Le ponemos color a la economía”. Una manera de recordarnos que existe mucho más allá del gris salmón de los periódicos financieros.
Y me encantó, porque Hacia lo Salvaje es eso exactamente: pintar la economía con tierra, con risas, con historias, con vínculos, con montañas, con huertos, con bordados y con el fuego de la hoguera en la que nos sentamos a conversar, compartir y cocrear.
Para mí, ponerle color a la economía es volver a escuchar el pulso de la Tierra.
Es recordar que los números no son el único lenguaje posible.
Es colocar la empatía y la justicia como brújulas.
Es viajar para encontrarnos.
Es, en definitiva, un viaje alternativo que acompaña la transición hacia un mundo más humano, más justo.
No estamos solas, solo un poco dispersas
Una de las cosas más bonitas de esta experiencia es volver a ratificar que somos muchas. Que, aunque a veces nos sintamos como puntos sueltos en un mapa gigantesco, en realidad nuestras líneas ya se están encontrando.
Las Juanas somos esa red que se teje con paciencia. Las que decimos que no queremos comernos el mundo, sino abrazarlo. Las que queremos un modelo económico que contemple los ritmos, los ciclos, los cuidados y la vida.
Y cuando te rodeas de mujeres así, algo dentro hace clic. Te das cuenta de que no estás loca, ni perdida, ni fuera de lugar. Estás en el lugar correcto, solo que estabas buscando a las otras.
Gracias a la escuela Juana Millán
Este premio Juana Millán es un impulso. Una señal de esas que te guiñan un ojo y te dicen: sigue, que lo que estás haciendo importa.
Gracias a la Escuela Juana Millán por crear un espacio donde emprender no significa competir, sino acompañar.
Gracias por apostar por proyectos que ponen la vida en el centro, que ensanchan los márgenes, que colorean la economía.
Y gracias a todas las mujeres que me sostienen, a las que están y a las que vendrán.
Porque este camino es nuestro, para demostrar, y demostrarnos, que sí, otro turismo es posible.
Y que a veces solo hace falta hacerse la pregunta correcta:
¿Y si sí?

Premios Juana Millán 2025: compañeras de camino
- Premio Juana Naciente
- Galardonada: Alcores Avanza
- Primera finalista: ARA lab
- Premio Juana Novel
- Galardonada: Hacia lo Salvaje
- Primera finalista: Tasaigo
- Segunda finalista: Pura Gloria Foodtruck
- Premio Juana Veterana
- Galardonada: Cervezas Bailandera
- Primera finalista: La Jabonería de la Almendra
- Segunda finalista: Deliarte Artesanía
- Premio Juana Heroica
- Galardonada: Tararaína Coop – Ecoradiz
- Primera finalista: Lorena Xogodefios
- Segunda finalista: Almas120Brujas
- Premio Juana Inspiradora (Honorífico)
- Galardonada: El Orrio Cooperativa






