Viajar a Argentina con los ojos abiertos y el corazón dispuesto no es solo un viaje más. Es escuchar una llamada, la de lo salvaje. No hablo de aventura extrema ni de desconectarse del mundo, sino de algo más profundo, de recordar que somos parte de la naturaleza, no sus dueñas.
En este viaje, dos territorios nos enseñan lecciones distintas pero complementarias: los Esteros del Iberá, donde el agua lo envuelve todo, y el Impenetrable chaqueño, un bosque denso que guarda silencios antiguos. Lugares donde la vida regresa gracias al trabajo de proyectos como Rewilding Argentina y al compromiso de comunidades locales que pasaron de la caza a la conservación.
Esteros del Iberá: donde las aguas brillan
“Iberá” en guaraní significa “aguas brillantes”, y basta poner un pie allí para entenderlo. Todo refleja, todo resplandece. A lo lejos, carpinchos pastan sin miedo, los yacarés toman el sol como guardianes ancestrales, y cientos de aves pintan el cielo con colores imposibles.
Lo más impactante es saber que hace unas décadas este paisaje estaba vacío. La caza, la ganadería y los monocultivos habían silenciado su biodiversidad. Hoy, gracias al rewilding, los osos hormigueros gigantes vuelven a caminar entre pastizales y el yaguareté, que llevaba más de 60 años extinto en la zona, empieza a recuperar su lugar.
Visitar Iberá en Argentina no es solo contemplar un paisaje hermoso; es presenciar una resurrección.
El Impenetrable: bosque que susurra
Muy distinto es el Chaco Impenetrable. Aquí no hay horizontes abiertos, sino un verde espeso que parece cerrarse a tu alrededor. El bosque exige atención: hay que aprender a escuchar sus pausas, susurros y movimientos mínimos.
Durante décadas fue tierra de tala indiscriminada y caza. Hoy, poco a poco, se transforma en un refugio. Caminar por sus senderos es una experiencia de humildad: te das cuenta de que no estás al mando, que aquí la naturaleza lleva el compás.
Comunidades que cambian la historia
Lo más inspirador de este viaje a Argentina no son solo los animales o los paisajes, sino las personas. En Colonia Carlos Pellegrini, por ejemplo, quienes antes cazaban para sobrevivir ahora se convirtieron en guardaparques y guías. Comprendieron que un ciervo vivo atrae más vida, y más oportunidades, que su piel vendida.
Ese cambio no fue sencillo, pero demuestra que la conservación real solo es posible con las comunidades locales al centro. Ellas son las guardianas de lo que se regenera, las que estarán cuando los viajeros nos marchemos.

Dormir con el cielo como techo
Los alojamientos en este viaje tienen un valor especial: no se trata de lujo material, sino de lujo vital.
En el Impenetrable, dormir bajo un cielo sin contaminación lumínica es sentir que las estrellas regresan a su lugar en nuestra memoria. En Iberá, una estancia histórica restaurada dentro del parque conecta pasado y presente: paredes centenarias, pero con ciervos y zorros como vecinos de jardín.
Es un recordatorio de que viajar no debería ser acumular comodidades, sino abrir espacio para experiencias que nos cambian por dentro.
Volver distintas
Viajar hacia lo salvaje en Argentina no es solo mirar paisajes, sino mirarnos a nosotras mismas en ellos. Preguntarnos qué necesitamos regenerar en nuestras propias vidas, qué “especies” de nosotras mismas necesitan volver.
Escuchar a Rita Cammisi en el podcast de Hacia lo Salvaje me lo confirmó: estos viajes no son escapadas, son semillas. Semillas de un futuro donde lo humano y lo no humano caminan de la mano, en lugar de enfrentarse.
Y así, entre aguas brillantes y bosques que susurran, entre comunidades resilientes y estrellas que guían, comprendemos que lo salvaje no está perdido. Solo espera que volvamos a escucharlo.
Notas del Podcast
Podcast sobre Rewilding: Rewilding: Cómo Restaurar la Naturaleza y Transformar Nuestro Futuro
Viaje Argentina Rewilding: Un Viaje Profundo por El Impenetrable y los Esteros del Iberá





