Qué es el manifiesto “Por un feminismo de hermanas de tierra”
Cada 8 de marzo se publica un texto que nos recuerda la fuerza, la creatividad y la resistencia de las mujeres rurales: el manifiesto “Por un feminismo de hermanas de tierra”. Impulsado por María Sánchez, activista feminista, y Lucía López Marco, veterinaria y divulgadora agroecológica, este manifiesto se ha convertido en un referente para visibilizar a mujeres que muchas veces quedan fuera del relato central del feminismo urbano.
No es un documento académico ni técnico, es un llamada a la acción y a la reflexión, un texto que denuncia las desigualdades, la precariedad, la violencia estructural sobre los cuerpos y territorios rurales, y al mismo tiempo celebra la organización desde abajo, las alianzas y la esperanza construida con las manos. Palabras que inspiran, que abrazan y que motivan a crear redes de cuidado y sostenibilidad.
Origen y evolución del manifiesto
Los primeros pasos
El germen del manifiesto aparece al menos en 2019, cuando María Sánchez publica “Por un feminismo de hermanas de tierra”, enfocándose en la doble marginación de ser mujer y vivir en entornos rurales. Desde ese primer texto, se ha consolidado como lectura anual cada 8M, y Lucía López Marco se une para co-firmar y co-impulsar las ediciones siguientes.
Algunas comunicaciones señalan que la iniciativa comenzó en 2018, mientras otras apuntan a 2020 como inicio formal del colectivo Hermanas de Tierra. Esto refleja que se trata de un proceso vivo y en constante construcción, no hay una fecha única de nacimiento, sino un crecimiento colectivo que se nutre de nuevas voces y contextos.
Cómo ha evolucionado con los años
Cada versión del manifiesto adapta su foco a los desafíos del momento, manteniendo siempre como hilo conductor la figura de la mujer rural y su relación con la tierra:
- 2019–2020: Subraya la invisibilidad histórica de las mujeres rurales, el peso de los cuidados y la emergencia climática: sequías, pérdida de biodiversidad y crisis ecológicas que atraviesan la vida cotidiana.
- 2021: Conecta la pandemia con la precariedad y el abandono de lo rural, recordando que la crisis sanitaria no debe ocultar la falta de servicios y cuidados en los pueblos.
- 2022: Destaca la amenaza de macroproyectos y la necesidad de tejer redes entre mujeres para sostener la vida en territorios rurales.
- 2023–2024: Recalca la urgencia de “nuevas ruralidades llenas de feminismos, agroecología, diversidad y memoria”, invitando a sacar las sillas a la calle y crear vínculos entre mujeres que trabajan la tierra y sostienen comunidades.
- 2025: Se presenta como un llamamiento colectivo por “un feminismo arraigado a la tierra y la vida”, coescrito por múltiples mujeres y colectivos rurales, traducido a varias lenguas y disponible en lectura fácil y audio.
Cada edición sigue un mismo espíritu: visibilizar, conectar y generar acción, adaptándose a los contextos sociales, climáticos y políticos de cada año.
Por qué nos inspira en Hacia lo Salvaje
Desde que nació Hacia lo Salvaje, llamamos Hermanas de Tierra a las mujeres que nos acompañan en los viajes: agricultoras, apicultoras, artesanas, guías, mujeres que sostienen proyectos rurales que muestran que otra vida es posible.
El nombre no es casual. Nos inspiramos directamente en el manifiesto. Porque lo que sentimos profundamente es que defender la tierra sigue siendo defender la vida. Esa misma convicción que late en el texto de María Sánchez y Lucía López Marco se refleja en cada encuentro: cuando una mujer nos enseña a sembrar, cuando compartimos una comida hecha con productos de la tierra, cuando escuchamos historias de vida que nos muestran cómo vivir de forma coherente y sostenible.
Aquí no hay teoría, todo es práctica. Cada ruta, cada estancia y cada conversación es una forma de vivir el manifiesto. Y cada mujer que conocemos es un ejemplo tangible de ecodependencia, de interdependencia, de resistencia cotidiana.
Nuestras Hermanas de Tierra son quienes nos enseñan, desde la práctica, que otra vida ya está ocurriendo. Nos muestran que es posible vivir de manera sostenible, colaborativa y coherente con la tierra. Nos reciben en sus proyectos, nos cuentan sus historias, nos enseñan cómo cuidar lo común y mantener la vida digna.
Cuando caminas con ellas, te das cuenta de que no hay soluciones mágicas ni discursos lejanos: lo que transforma el mundo es la vida cotidiana, el cuidado mutuo y la práctica constante. Cada huerto visitado, cada taller, cada conversación se convierte en un acto de aprendizaje y sororidad
El manifiesto del 2026
Este año, el texto llega en un contexto especialmente significativo, la ONU ha declarado 2026 como Año Internacional de la Mujer Agricultora, un recordatorio global de que las mujeres que trabajan la tierra sostienen buena parte de la vida que consumimos y de los ecosistemas que habitamos.
El manifiesto 2026 mantiene el espíritu de los textos anteriores, visibilizar la doble opresión que sufren las mujeres rurales, denunciar los macroproyectos que vacían territorios, los incendios y sequías que golpean la tierra, y la precariedad que muchas veces pasa desapercibida desde las ciudades. Pero incorpora con fuerza nuevas urgencias: la emergencia climática cada vez más visible, los riesgos de acaparamiento de tierras tras catástrofes y la necesidad de políticas públicas que reconozcan el trabajo rural, la soberanía alimentaria y la diversidad de proyectos que sostienen la vida cotidiana.
Claves del manifiesto 2026
- Visibilización de las mujeres rurales y su trabajo: agricultores, artesanas, cuidadoras, jornaleras. Sus historias son el corazón del texto.
- Emergencia climática y crisis ecológica: sequías prolongadas, lluvias extremas, incendios forestales y cómo estos fenómenos afectan la vida de quienes cuidan la tierra.
- Defensa del territorio y lo común: alerta frente a macroproyectos extractivos, especulación y privatización que amenazan ecosistemas y comunidades.
- Redes y alianzas: fortalecimiento de la organización colectiva y de la sororidad, como vía para sostener la vida y construir alternativas sostenibles.
- Esperanza activa: la construcción de un futuro posible a través de la acción concreta, la cooperación y la práctica cotidiana de cuidado mutuo.
Este manifiesto sigue siendo un texto vivo y colectivo, escrito con voces diversas que suman experiencias, resistencias y aprendizajes. Nos recuerda que la lucha de las mujeres rurales es también la lucha por la vida de todos los territorios, y que la defensa de lo común y de lo colectivo es inseparable de la defensa de la vida digna.
Pásate por aquí para leerlo completo
La esperanza que construimos juntas
Si algo nos enseña el manifiesto es que la esperanza se construye con las manos. Cada encuentro con nuestras Hermanas de Tierra es un acto de resistencia, de aprendizaje y de alegría. La alegría que brota en una cosecha compartida, en una charla alrededor del fuego, en un taller de semillas.
Esta alegría no niega la dificultad; la reconoce y la transforma en fuerza. Nos recuerda que seguimos aquí, que podemos imaginar y hacer otros mundos posibles, y que las mujeres rurales son la raíz y el brote de esa esperanza.
Este 8M, te invitamos a leerlo, a compartirlo y, sobre todo, a vivirlo. Porque las palabras son importantes, pero los vínculos que tejemos con las mujeres rurales y sus territorios son los que realmente cambian la vida.
Preguntas Frecuentes sobre El manifiesto por un feminismo de Hermanas de Tierra
¿Qué significa ser una Hermana de Tierra?
Formar parte de una red de mujeres que sostienen la vida, la tierra y los proyectos rurales, apoyándose mutuamente y compartiendo prácticas sostenibles.
¿Quién impulsa Por un feminismo de Hermanas de Tierra?
María Sánchez y Lucía López Marco, junto con colectivos y mujeres rurales de todo el Estado.
¿Desde cuándo existe el manifiesto Por un feminismo de Hermanas de Tierra ?
Se publica anualmente desde 2019 y se ha consolidado como lectura imprescindible cada 8M.
¿Cómo se vincula con Hacia lo Salvaje?
Nos inspira a nombrar a nuestras colaboradoras Hermanas de Tierra y a construir viajes y experiencias coherentes con los valores del manifiesto.
¿Por qué es relevante hoy?
Porque visibiliza la doble opresión de ser mujer y rural, conecta feminismo con justicia climática y propone modelos de vida sostenibles y comunitarios.





