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Viaje a Japón organizado para mujeres
Aquí no hay autobuses de veinticinco personas ni hoteles que podrían estar en cualquier ciudad del mundo. Somos siete mujeres como máximo, dormimos en casas japonesas de verdad y nos moveremos a nuestro ritmo.
Recorreremos el Japón más icónico junto con esos rincones de naturaleza alejados de turismo. Lo haremos de la mano de Irene Saki, nuestra guía mitad aragonesa, mitad japonesa, que será el mejor puente hacia esta cultura tan chocante y diferente.
Nos esperan las puertas Torii naranjas en Kioto, el Monte Fuji, meditar en un templo budista, pedalear entre volcanes, varios baños en un onsen, comer en los mercados, un taller de de teñido con índigo, otro de soba y saltar de isla en isla.
Pero hay más, 2027 viene con una gran apuesta, el valle de Iya. Tres días en uno de los tres lugares más escondidos de Japón, en el interior de Shikoku. El Japón más rural y salvaje.
Una garganta que se navega en barca entre paredes de cien millones de años, puentes tejidos con lianas y aldeas colgadas de la ladera donde quedan veinte vecinas y ya no sube el autobús. Para meterlo hemos sacado Nikko y Nara del itinerario, y lo volveríamos a hacer.
Eso sí solo dos salidas al año, una en primavera y otra en otoño. ¿A cuál te apuntas?

Hay cosas que cuesta conseguir en Japón, como que alguien te lleve a comer donde come la gente local, que te explique por qué ese gesto importa, que negocie en japonés cuando hace falta y que sepa cuándo el grupo necesita parar.
Irene Saki creció en Ichikawa, entre el japonés de su madre y el español de su padre aragonés. Vivió allí hasta la adolescencia, se fue a España, y ahora ha regresado a Japón a vivir. Dos culturas interiorizadas desde dentro, no aprendidas en un manual.
Lo que eso significa para ti en la práctica: restaurantes que no parecen restaurantes, donde no hay carta en inglés y la comida es extraordinaria. Conversaciones con locales que de otra forma no ocurrirían. Contexto detrás de cada parada, cada ritual, cada silencio. Y la tranquilidad de moverte por un país con alfabeto propio sin tener que descifrar nada.
Pero hay algo más. Irene no es una guía que aparece para la visita y desaparece después. Está contigo todo el rato. Lee el cansancio del grupo antes de que nadie lo diga. Sabe cuándo alguien necesita más ritmo y cuándo necesita menos. Ajusta, propone, escucha. En un viaje de 18 días con mujeres que no se conocen de antes, eso no es un detalle, es lo que hace que todo fluya.

Irene es viajera, psicóloga y amante de las actividades al aire libre y de la Naturaleza. Y esto es importante porque con ella descubriremos Japón de forma activa, sin palizas, pero sí en movimiento.
Lo haremos a través de caminatas fáciles, paseos urbanos en bici o rutas de cicloturismo asequibles para todos los públicos y con la facilidad de disponer de bicicletas eléctricas.
La Naturaleza estará siempre. Nos sumergiremos en el Japón más rural y salvaje, ese que se ve desde una barca en el fondo de una garganta o desde una bici cruzando de isla en isla, y también encontraremos nuestro refugio en las grandes ciudades, adentrándonos en bellos jardines o bosques de bambú.
Porque una no se puede ir de Japón sin experimentar ese Pulchrum es Sacrum (lo bello es sagrado) y es que el culto a la belleza de la naturaleza es pieza clave para entender el país nipón. Así que ¿qué mejor manea de descubrirlo que cuando está más exuberante?
En primavera para el hanami o en otoño para el momiji.





El primer día nos lo tomaremos con calma. Dejamos las maletas y salimos a lo que el cuerpo dé de sí. Si el jet lag aprieta, paseo corto y a dormir.
Los otros días van sin plan cerrado pero con propuestas encima de la mesa. Elegimos por la mañana, según el tiempo y las ganas:
Y hay dos cosas que no dependen del plan del día.
Una, en algún momento quedaremos con alguna de las mujeres que forman parte de la asociación feminista de Japón, para charlar sobre la situación de la mujer japonesa.
Y dos, miraremos qué se celebra esos días concretos, porque en Tokio siempre hay algo y no es lo mismo pasar por una ciudad que pillarla en fiesta. En la edición de otoño solemos coincidir con la feria del libro viejo de Jimbocho, que saca las casetas a la calle y deja el barrio irreconocible. En primavera, si las fechas acompañan, cae el mercado de antigüedades de Oedo, unos 250 puestos en la plaza del Foro Internacional de Tokio.
Nos alojamos tres noches en la misma casa, así que no hay que hacer y deshacer la maleta, y nos movemos en transporte público, que es donde se ve el día a día de la ciudad.
El último día lo remataremos por la mañana lo que nos quede de ver y haremos el traslado a Kawaguchiko en autobús, aproximadamente 2,5 horas.
Yamanakako, Kawaguchiko, Saiko, Shojiko y Motosu son los cinco lagos volcánicos del Monte Fuji. Recorrerlos despacio nos regala las mejores vistas del volcán más icónico de Japón, verlo reflejado en sus aguas es una de esas estampas que se te quedarán guardadas para siempre. Y es que recorrer esos caminos en primavera con los cerezos en flor o el otoño con ese manto de hojas doradas y rojas, es un auténtico privilegio.
El primer día haremos una caminata de unos 3-4 km por un bosque hasta un mirador con vistas al lago y al volcán. Por la tarde, si hay ganas se puede subir a la pagoda roja de Chureito, esa típica foto que has visto mil veces y que en persona sigue enamorando.
El segundo día lo hacemos en bici, hacia los lagos más pequeños y con más encanto, con una mochila ligera para pasar la noche en un hotel a orillas del lago más pequeño y tranquilo desde donde poder disfrutar del amanecer y el anochecer que ofrece el Fuji. En el alojamiento, rematamos la faena con un baño termal en un onsen. Al día siguiente volvemos al punto de partida, a Kawaguchiko.
Las rutas son de unos 30-35 kilómetrros y de unos 300 – 400 metros de desnivel. Tendremos a nuestra disposición biciclétas eléctricas cómodas.
Ponemos rumbo a Kioto, tomando un bus y un tren, aproximadamente unas 5 horas.
Kioto no tiene nada que ver con Tokio. Si Tokio es neón y velocidad, Kioto es la ciudad que se libró de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial y por eso conserva sus templos y santuarios originales. Es el Japón que se detuvo a tiempo. Aquí funcionamos igual, sin plan cerrado, con propuestas encima de la mesa, y vamos decidiendo según lo que nos pida el cuerpo.
Nuestra propuesta de templos y jardines:
Mercados, talleres y naturaleza en plena ciudad:
Y taller de aizome, el teñido con añil natural.
Aquí no se pinta encima de la tela: se ata, se pliega, se mete en la tina y el azul entra donde puede. Sales con las manos manchadas y con algo hecho por ti, que se seca esa misma tarde y te vuelves con ello puesto, el mejor souvenir que puedes llevarte de Japón.
El añil japonés viene de la antigua provincia de Awa, hoy Tokushima, donde se cultiva desde hace por lo menos seiscientos años. Prosperó allí porque el río Yoshino se desbordaba sin control y dejaba la tierra fértil, y porque el añil se cosecha antes de los tifones, cuando el arroz siempre estaba en peligro. El tinte se hace fermentando las hojas durante unos cien días. Tokushima es, por cierto, la prefectura del valle de Iya que descubrirás.
Nos alojamos siempre en la misma casa y nos movemos en transporte público.
Traslado en tren a Oboke, aproximadamente 3 horas.
Cruzamos a Shikoku y llegamos a la estación de Oboke. Aquí se acaba el Japón de las guías y empieza el otro.
Lo primero es meterse en la garganta en barca. Media hora a ras de agua entre paredes de roca de más de cien millones de años, tan altas que desde la carretera no se aprecian. Cuando el motor calla, lo único que se oye es el río. Al salir, se entiende dónde nos hemos metido.
Al día siguiente cogemos las bicis en el parque Fureai y subimos a los miradores y al puente de Kazurabashi, tejido a mano con lianas de montaña y rehecho entero cada tres años, porque una liana no aguanta más (Ruta en bici de unos 17 km con cuestas, bicicleta eléctrica. Sube unos 400 metros de desnivel repartidos)
Cerramos el día en uno de los onsen del valle, a los que se baja en funicular hasta el fondo del río, con el agua caliente y el bosque encima.
El tercer día vamos al fondo del valle con un vehículo privado y conductor.
Primero subimos al Oku-Iya, el fondo del fondo, donde está el otro puente de lianas: el doble. Son dos puentes seguidos, uno junto al otro, que aquí llaman el marido y la mujer, y que según cuentan tendieron los Heike hace unos ochocientos años para llegar a sus terrenos del monte Tsurugi.
Luego un taller de soba, los fideos de trigo sarraceno que en esta zona de montaña se llevan haciendo siglos, porque aquí el arroz no se daba y el sarraceno sí. Amasar, estirar, cortar y comérselo. En un valle que se está quedando sin gente, que alguien te enseñe a hacer su comida es un regalazo.
Después, Ochiai, un pueblo entero levantado en ladera, con casas que van de mediados del periodo Edo a los años treinta y muros de piedra apilada sin cemento, protegido como distrito de preservación nacional desde 2005. Parada en el mirador de los acantilados de Ryugu. Y por último, Nagoro.
En Nagoro quedan unas veinte vecinas y trescientos cincuenta muñecos de tamaño natural. Están sentados en las paradas de autobús, en los bancales, en los pupitres de la escuela que cerró en 2012. Los hace Tsukimi Ayano, que volvió al pueblo para cuidar a su padre y empezó cosiendo uno con la cara de él. En Nagoro no nace un bebé desde hace veinte años.
Es fácil contarlo como curiosidad macabra y no lo es. En Japón hay nueve millones de casas vacías. La España vaciada tiene hermana japonesa, y en las dos son mujeres mayores las que sostienen con tela y paja la memoria de un territorio que se apaga.
De este día no te vas a traer la foto que ya has visto mil veces. Te vas a traer otra cosa.
Dormiremos en el mismo ryokan durante nuestra estancia en el valle.
Rumbo a Onomichi, ciudad portuaria cerca de Hiroshima, unas 3 horas en tren.
Será el punto de partida de la Shimanami Kaido, que empezamos al día siguiente, pero hoy lo dedicamos entero a perdernos por sus callejuelas empedradas, sus cuestas y sus gatos (muchos gatos). Sin plan fijo, Onomichi se descubre caminándola, no siguiendo una lista. Pronto a dormir, que al días siguiente empieza otra parte especial del viaje.
Japón es, sobre todo, agua: 6.852 islas. Entre ellas se esconde el Mar Interior de Seto, tan bello como ignorado por el turismo convencional.
La Shimanami Kaido son 70 km que conectan 8 islas a través de 9 puentes colgantes sobre un mar de tonos turquesa. Lo hacemos en dos días, con calma, parando donde el cuerpo lo pida: aguas cristalinas y atardeceres anaranjados, senderos hacia pueblos rurales, puertos pesqueros, campos frutales, la hospitalidad de la gente de mar y de campo.
La primera noche en la isla de Omi, la segunda en Imabari, en el templo Senyuji, uno de los 88 del Shikoku Henro (el «Camino de Santiago» japonés). Ahí no solo dormimos: comemos, meditamos y nos empapamos de su atmósfera. Al día siguiente volvemos a Onomichi para una última noche antes de despedirnos del recorrido.
Último tren a Osaka (unas 2 horas) para coger el vuelo de regreso. Se acaban los 18 días, no las ganas.
Precio
viaje:
4.275 €
Precio del
vuelo:
Grupo
mínimo:
5 mujeres
Grupo
máximo:
7 mujeres
Precio por pronta reseseva. El 15 de octubre sube a 4.475 euros
Vuelos: si quieres los gestionamos por ti, pero no te damos un precio cerrado ahora porque los precios van cambiando, nada que no sepas. No obstante, para que te puedas hacer una idea, el vuelo internacional puede estar en unos 1.200 – 2.600 euros. Y ya sabes, cuanto antes los compremos mejor precio.
Importante: Se vuela el día anterior al inicio del viaje y la llegada a casa es un día después del último día.

Quizá puede que no sea el dinero, sino el permiso que todavía no te has dado. Quiero decir, que puede que lleves años imaginando viajar a Japón. Y en algún momento tu cabeza saca la misma frase de siempre: «ahora no toca», «hay cosas más importantes», «igual el año que viene, cuando esté todo más tranquilo». Ninguna de esas frases habla de tu cuenta bancaria. Hablan de otra cosa.
Quizá lo que tu cabeza pide son certezas, como si fueran caramelos. Quiere garantías, manuales de instrucciones, un contrato firmado donde diga que todo va a salir bien antes de que te atrevas a dar el primer paso. Pero esa seguridad total no existe. No para viajar. No para vivir.
Lo que sí existe es esa intuición que insiste, que te dice «este es el viaje que andaba buscando», ese momento vital en el que muchas, después de años poniendo el foco en las demás, decidimos por fin priorizarnos. Y no, no es egoísmo. Es la versión adulta de elegirte a ti antes de seguir eligiendo todo lo demás.
Y sí, es mucho dinero. No te voy a decir lo contrario ni te voy a vender la moto con eso de «es una inversión en ti misma». Es dinero de verdad, de tu cuenta de verdad.
Lo que sí te puedo contar es qué hay detrás de esa cifra. Son 18 días con Irene, que está contigo de principio a fin, no que aparece y desaparece como el Guadiana. Son casas japonesas de verdad, no hoteles de cadena. Es un grupo de 7 mujeres, no de 20. Eso significa que el coste de tener una guía dedicada, alojamientos cuidados y rutas y talleres artesanales específicos se reparte entre pocas, no entre muchas.
No. Este no es un viaje que exija una gran condición física, es un viaje tranquilo y cultural, con varios días de cicloturismo entre medias. Lo importante no es tener piernas de ciclista profesional, es sentirte cómoda encima de la bici: las rutas son fáciles, el 90% del recorrido es asfalto sin grandes desniveles, y vamos con bicicletas eléctricas, salvo que nos digas que prefieres una convencional. El esfuerzo es bastante asumible.
Sobre el equipaje en estas rutas, solo llevarás una mochila ligera en dos tramos en los que no volvemos al alojamiento de partida, un día en los lagos del Fuji y otro en la Shimanami Kaido. En los alojamientos hay toallas, champú, gel, cepillo de dientes, así que con una muda y poco más vas sobrada.
En Hacia lo Salvaje nos encanta la intergeneracionalidad. Creemos que aporta muchísimo: nos enriquece, aprendemos unas de otras y le da al viaje una mirada más diversa. A este viaje han venido mujeres de 40 y de más de 70 años, y todas lo han disfrutado.
Lo importante de verdad es que te sientas cómoda pedaleando. Vamos a tener varios días de cicloturismo seguidos, por terrenos con un 90% de asfalto, sin tramos técnicos y con bici eléctrica. Dicho esto, sí hace falta saber montar en bici y estar cómoda en ella, eso no depende de la edad que tengas.
✓ Seguro de viajes incluido aquí puedes ver garantías y coberturas. (puedes aumentar coberturas si quieres, coste aparte)
✓ Guía local Irene (mitad española, mitad japonesa) disponible todos los días del viaje
✓ Todos los traslados interurbanos en tren o autobús entre ciudades
✓ Alojamientos privados y exclusivos para el grupo, con cocina disponible si quieres preparar tus propias comidas
✓ Espectáculo tradicional de Geishas
✓ Alquiler de bicicletas para los días que las usemos
✓ Taller de artesanía de Tejido Índigo en Kioto
✓ Taller de soba en el Valle de Iya.
✓ Vehículo privado en valle de Iya para ir al fondo del valle.
✓ Traslado desde el aeropuerto de Tokio al llegar (si reservas el vuelo con nosotros)
✓ Videollamada de presentación antes del viaje + grupo de WhatsApp para el grupo
✓ Acompañamiento y asesoramiento personalizado desde el momento de tu reserva
✗ Vuelos internacionales hasta Japón
✗ Transporte público local en Tokio, Kioto u otras ciudades (metro, autobús, trenes urbanos, taxis)
✗ Todas las comidas, para tener la libertad de explorar mercados, decidir sobre la marcha o cocinar en los alojamientos
✗ Entradas a templos y santuarios (varían según el lugar; como referencia, entre 2 y 6 euros la mayoría)
✗ Acceso a onsen o baños termales (entre 4 y 15 euros aproximadamente)
✗ Noches adicionales, talleres o actividades fuera del itinerario
✗ Cualquier otro gasto personal no especificado en el programa
Para hacer la reserva es necesario hacer un pago del 40% del importe y rellenar un formulario.
Luego, una vez que recibamos el formulario y la transferencia, nos pondremos en contacto contigo para mandarte la factura y detallarte los siguientes pasos.
Te recuerdo que Hacia lo Salvaje cuenta con la dirección técnica de VIAJES TREKKING Y AVENTURA S.L. C.I.F. B-28945582 Título – licencia C.I.C MA Nº1038).
Para formalizar reserva haz clic en «Me apunto»
¿No puedes apuntarte este año? No te cuadra ninguna fecha pero estás interesada en esta propuesta.
Haz la pre-inscripción y cuando tengamos nuevas fechas te avisaremos y además tendrás prioridad de apuntarte.
Puede que sí. Y puede que no sea el dinero, sino el permiso que todavía no te has dado.
Llevas años diciendo que Japón, algún día. Y cada vez aparece un «ahora no toca», «hay cosas más importantes», «igual el año que viene». Esas frases casi nunca hablan de dinero. Hablan de esperar una certeza que no va a llegar, porque no existe. Ni para viajar ni para vivir.
Dicho lo cual, no te voy a vender que es una inversión en ti misma, es dinero de verdad, de tu cuenta de verdad. Lo que sí te puedo contar es qué hay detrás de esa cifra: 18 días con Irene de principio a fin, casas japonesas en vez de hoteles de cadena, y un grupo de siete mujeres en lugar de veinte. Una guía dedicada, que está contigo todo el rato, alojamientos cuidados y talleres artesanales se reparten entre pocas, no entre muchas. Ahí se va el número.
Y si de verdad ahora no puede ser, hay preinscripción. Te avisamos cuando saquemos fechas nuevas y tendrás prioridad.
Este viaje no es una paliza, el ritmo será relajado y tranquilo, la idea es disfrutar y contemplar todo lo que está a nuestro alrededor en este viaje, pero tampoco es viaje de autobús. Me explicio, hay varias jornadas de bici repartidas a lo largo de 18 días y alguna caminata suave de 3 o 4 kilómetros. Nada técnico, casi todo asfalto, sin desniveles duros, y bicicleta eléctrica siempre disponible.
Lo que sí hace falta, y aquí no te voy a endulzar nada, es saber montar en bici y estar cómoda encima de ella varios días seguidos, si llegas sin ese mínimo, no lo vas a disfrutar.
A este viaje han venido mujeres de 40 y mujeres de más de 70, y todas lo han disfrutado.
Nos gusta que el grupo sea intergeneracional, se aprende más, la conversación es mejor y el viaje gana una mirada más ancha. Lo que decide si este viaje es para ti no es tu edad, es si tienes ganas de explorar Japón de otra manera y si te sientes cómoda encima de una bici. Y eso compañera no lo marca el número de velas que pones en una tarta.
Huimos de hoteles, de alojamientos asépticos e impersonales que te puedes encontrar en cualquier parte del mundo. Vamos a dormir en auténticas casas japonesas, bien conectadas, que encajan con la forma en la que nos gusta viajar: cercana, consciente y sostenible. Nuestra intención es crear una experiencia más auténtica e inmersiva en la cultura japonesa. Este viaje también invita a un poco de vida compartida, un poco como aquellas noches de pijama con amigas, que muchas mujeres terminan disfrutando más de lo que esperaban.
No se incluyen porque el acceso siempre será fácil y muy variado y esto nos permite improvisar sobre la marcha, decidir si comemos en un mercado o en un restaurante o incluso si nos cocinamos en la casa donde nos quedaremos alojadas porque todas tienen una cocina. Queremos la gastronomía forme parte de la experiencia, podrás probar platos locales en barrios diferentes, mercados, izakayas y pequeños restaurantes que irás descubriendo gracias a Irene sin estar atadas a menús cerrados y «para turistas».
La idea es viajar ligero para movernos con facilidad entre trenes, alojamientos y paseos, con ropa por capas y todo lo necesario para disfrutar de caminatas fáciles y rutas en bici sin cargar de más. Sobre ello y los preparativos para ir a Japón te contamos más en este artículo.
Puedes traer a tu madre, a tu hija, a la vecina del quinto y a tu compañera de piso, a quién quieras, lo importante es que les cuentes muy bien dónde se meten. Este viaje a Japón en otoño está pensado para un grupo reducido de mujeres de distintas edades que quieran moverse, disfrutar de la naturaleza y la cultura y compartir la experiencia en femenino. Mándales esta página web si quieres, pero no les traigas engañadas, les tiene que apetecer y recuerda que son 6 plazas, ni una más, ni una menos. Es un viaje a Japón en grupo reducido de mujeres, y ese tamaño de grupo es parte de la magia.
A tu Paco no, lo siento, ya habrá otra oportunidad para él. Este es un viaje a Japón solo para mujeres, pensado como un espacio seguro y cuidado donde compartir dudas, miedos, risas y conversaciones profundas sin filtros.En este tipo de viajes salen conversaciones de todo tipo y algunas compañeras se pueden sentir coartadas de contar algo si tu Paco está ahí. Además, ten en cuenta que vamos a compartir espacios muy íntimos y alguna compañera quizá no se siente cómoda con tu Paco ahí.
Y lo más importante, la experiencia nos dice que cuando se crean estos círculos de mujeres se crea una complicidad mágica entre todas increíble que con tu Paco no se va a dar, créeme.
Nikko era nuestra apuesta por un Japón más de naturaleza y rural pero se está masificando a ritmos agigantados. Cambiarlo por el valle de Iya nos parece un trato buenísimo.
Con Nara hay además otra cosa. Los ciervos, que llevan siglos considerados mensajeros sagrados, son hoy una atracción de galletas a cien yenes. En septiembre de 2024 hubo 35 personas heridas en un solo mes, casi todas dándoles de comer, y en 2019 murieron seis ciervos con plástico en el estómago, uno con 4,3 kilos de bolsas dentro. Un animal al que enseñas a comer de la mano deja de distinguir la comida del envoltorio.
Los ciervos de Nara ya no son animales salvajes que se dejan ver. Sona animales a los que hemos cambiado la vida para que posen y no queremos participar más en esto.
Vete al apartado «Reserva» y allí verás un botón que pone «Me apunto», dale, y te llevará a los pasos a seguir para reservar tu plaza. Cuanto antes reserves, más fácil será coordinar vuelos y logística para que todas lleguemos a Japón a la vez y podamos empezar juntas el viaje.
¡Claro! Puedes contratar el vuelo por tu cuenta, o si lo prefieres, podemos buscarte opciones y pasarte presupuesto sin compromiso para que decidas con tranquilidad.
Las ciudadanas españolas que viajen a Japón por un periodo inferior a 90 días no necesitan visado.Lo que sí necesitas es tener el pasaporte vigente y que su validez no expire durante tu estancia en Japón.
Además, un pasaporte dañado o con las tapas sueltas podría causar problemas al entrar en Japón, por lo tanto asegúrate que está en buenas condiciones. No obstante en este artículo tienes más información detallada.
No hay ningún requisito sanitario en especial, no obstante puedes consultar la información oficial sobre precauciones sanitarias y vacunas en la web del Ministerio de Sanidad y Consumo.Si tienes alguna condición médica concreta, te recomendamos que lo consultes con tu profesional sanitario de confianza antes de lanzarte a este viaje a Japón en otoño.
El viaje lo puedes cancelar sin coste antes de la fecha del último día para apuntarte o hasta el momento en que el grupo quede confirmado (te avisaremos). A partir de entonces puede haber gastos de cancelación asociados de los cuales te iremos informando. Además, el viaje tiene un seguro asociado, verás que hay algunas cláusulas relativas a este tema.
Te avisaremos el día en que se cierra la fecha de apunte y a partir de ahí podrás decidir si asumir el coste extra que supone viajar en un grupo más pequeño. Este es un viaje a Japón en grupo reducido de mujeres, así que los números son importantes para que la experiencia siga siendo sostenible para todas.
Puedes apuntarte y quedarte en lista de espera o reservar ya para la siguiente fecha y que no te pase lo mismo. Si te quedas en lista de espera podemos avisarte si alguna viajera cancela o cuando abramos nuevas fechas.
Buena pregunta compañera y difícil de responder en dos líneas, así que pásate por este artículo que te cuento todo, pros y contras de cada una.
Si tienes alguna duda o comentario puedes escribirme a ana@hacialosalvaje.net o rellenar este formulario:
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