Únete a "Mujeres Salvajes" y recibe inspiración, herramientas y experiencias para conectar con la Naturaleza
Únete a "Mujeres Salvajes" y recibe inspiración, herramientas y experiencias para conectar con la Naturaleza
Hacia lo Salvaje no es solo un proyecto de viajes para mujeres, es un proyecto diseñado por mujeres.
Y ahí es donde nuestra red de Hermanas de Tierra no solo es vital, sino nuestra gran propuesta de valor.
La red de Hermanas de Tierra la forman iniciativas que demuestran que otra vida es posible.
Son quienes nos acompañan e inspiran durante los viajes y escapadas, mostrando, desde la práctica, otras formas de vivir.
Porque sí, hay mujeres que ya viven como muchas intuimos que queremos vivir.
Con ellas comprobamos que existen modelos tangibles, coherentes con nuestra ecodependencia e interdependencia.
Ellas son nuestras referentes, nuestra fuerza y nuestra esperanza.
Han participado desde el inicio en el diseño de cada propuesta Hacia lo Salvaje y estarán a tu lado cuando la aventura arranque.
«En estos tiempos en los que la incertidumbre nos atraviesa, es importante saber de dónde venimos para pensar e imaginar veredas que nos lleven a un futuro mejor; caminos que puedan enseñarnos, desde otros aprendizajes, hacia dónde podemos y queremos ir”
Fuente: Lucía López Marco y María Sánchez
Manifiesto por las Mujeres Rurales: «Por un feminismo de hermanas de tierra»
«En estos tiempos en los que la incertidumbre nos atraviesa, es importante saber de dónde venimos para pensar e imaginar veredas que nos lleven a un futuro mejor; caminos que puedan enseñarnos, desde otros aprendizajes, hacia dónde podemos y queremos ir”
Fuente: Lucía López Marco y María Sánchez. Manifiesto por las Mujeres Rurales 2022: «Por un feminismo de hermanas de tierra»
Hacia lo Salvaje es una alternativa al turismo depredador. Una invitación a viajar de otra manera.
Un proyecto que enlaza nuestra comunidad de mujeres salvajes con esta red de Hermanas de Tierra repartidas por todo el mundo.
Hacia lo Salvaje teje el encuentro, cuida ese vínculo y acompaña el proceso.
Para la viajera, Hacia lo Salvaje responde a la necesidad de encontrar alternativas a un modelo de turismo devastador. Propuestas basadas en el amor y el respeto a la naturaleza, la colaboración y la sororidad. Es también un espacio donde encontrar amigas, sentirse arropada y colaborar en modelos más justos de forma fácil, sencilla y segura.
Para la red de Hermanas de Tierra Hacia lo Salvaje es un altavoz. visibilidad, la manera de llegar a una comunidad afín, comprometida e involucrada, y una forma de incorporar el turismo que quieren y abrazan como complemento a su actividad, con garantías y cobertura legal.
Hacia Lo Salvaje nace de una experiencia personal, pero crece como un proyecto colectivo.
Durante años, viajar fue para mí una búsqueda de bienestar, de conexión con la naturaleza y de encuentro con una comunidad afín.
En ese camino entendí que no quería viajar sola, ni reproducir modelos de turismo extractivistas, sino crear espacios de encuentro e inspiración para fomentar nuestro bienestar y el del planeta.
Desde ahí surge Hacia Lo Salvaje: como una forma de acompañar viajes con intención, desde la experiencia vivida y el aprendizaje constante.
Creemos en el viaje como herramienta de transformación para concienciar sobre el impacto ecosocial de nuestra existencia mostrando nuevos senderos hacia un modelo más empático, justo y sostenible con el planeta y con todos los seres con los que convivimos. Es una propuesta de viajes postcapitalista, donde el turismo está al servicio de la vida, no del mercado, de ahí que nuestro lema sea “Viajes que ponen la Vida en el Centro”.
Diseñamos viajes sin prisas, ni maratones, respetando los tiempos del cuerpo, del grupo y de los lugares que habitamos. Damos espacio y tiempo al descanso, a la contemplación y a la reflexión, al no hacer. No vamos con un programa hermético ni llenamos la agenda de cosas que hacer. Porque viajar también es escuchar, parar y dejar que el territorio haga.
Nuestra hermanas de tierra es una red de colaboradoras en todo el mundo con iniciativas que tienen que ver con la agroecología, la economía circular, la regeneración, la recuperación de saberes ancestrales… Algunas son ONG, otras forman parte de la Economía Social y Solidaria o simplemente son iniciativas que habitan el territorio que abordamos acorde con nuestros principios y valores ecofeministas.
Viajamos en grupos pequeños porque no queremos ser invasivas, llegar muchas personas a lugares “íntimos” puede provocar rechazo. Además esto nos permite acompañar de verdad, cuidar la convivencia y generar un espacio de confianza, cómodo y seguro desde el primer día. Si formamos grupos grandes es porque las dinámicas y actividades preparadas así lo requieren.
Mi gran dilema y lo que casi me lleva a descartar montar estos viajes fue la rabia de sentirme incoherente.
Me resultaba imposible estar hablando del cuidado y respeto a la Naturaleza y pillar un avión a la otra parte del mundo.
Pero pienso en nuestras abuelas y como ellas salían a la fresca a hablar, a conversar. Pienso en cuando fui a Senegal y en esos círculos de mujeres compartiendo su día, sus preocupaciones… Y pienso en Ekeney llamándome dada, en suajili, hermana.
Mira, las primeras víctimas de cualquier crisis somos las mujeres. Aquí y en la Conchinchina. Eso es así.
Lo que me lleva a preguntarme ¿cómo vamos a dar respuesta a todo lo que nos pasa en un planeta que compartimos si no nos juntamos?
No me entra en la cabeza un proceso que no pase primero por conocernos, reconocernos, reflexionar, dialogar y co-crear.
Y para eso hace falta todos los sentidos, necesitamos vernos, tocarnos, abrazarnos, olernos…
Juntarnos.
Huimos de las zonas más masificadas o con mayor presión turística y en su defecto buscamos salir de la temporada alta. La prioridad es dinamizar las zonas o colectivos más vulnerables evitando que el turismo arrase con las formas de vida y se convierta en un aliado, en una ayuda, en un complemento para mantener la vida del paisaje y el paisanaje.
La Naturaleza es siempre protagonista, no como decorado, sino como compañera, de ahí que la educación ambiental y animal, está siempre presente, tanto en el viaje en sí, como en todo el universo Hacia lo Salvaje.
Limitamos el uso de avión a una vez al año por viajera, promovemos estancias largas, de varias semanas si viajamos lejos. Una vez en destino promovemos actividades como el senderismo o la bici para fomentar una movilidad sostenible y respetuosa con el paisaje y con el paisanaje. Y si tenemos que volver a hacer uso de otro medio, primamos el tren y los transportes públicos o colectivos.
Y sí nos encargamos de que tengas los billetes, seguros, y todas esas cosicas atadas y organizadicas como es debido.
Antes del viaje creamos un grupete de WhatsApp / videollamadas donde empezamos a conocernos, compartimos emociones, nervios, dudas y recursos.
También damos formación sobre el impacto que genera el viaje y cómo reducirlo al máximo.
Las personas que conocen el territorio como la palma de su mano participan desde el inicio en el diseño de cada viaje y te acompañarán durante la experiencia.
Siempre que es posible, trabajamos con mujeres, convirtiendo el viaje en una herramienta de empoderamiento de la mujer rural.
Ellas son puente cultural, humano y emocional, sostienen al grupo, leen ritmos y silencios, acompañan cansancios y alegrías, y muestran que otra forma de vivir es posible.













Puedes leer todas las reseñas de otras Mujeres Salvajes en este enlace.
Si has llegado hasta aquí, quizá algo de todo esto ya resuena contigo.
Viajar juntas, sin prisas, con sentido junto a otras mujeres salvajes.
Y tú tampoco estás sola. No eres un ser en peligro de extinción.
Aquí encontrarás otras compañeras.
Almas aventureras, inquietas, curiosas, mujeres a las que nos gusta probar cosas nuevas, experimentar, pero no lo hacemos tanto como nos gustaría.
¿Y sabes por qué?
Porque no alimentamos ese fuego, no dejamos que nuestra mujer salvaje corra en libertad, no dejamos que nuestro instinto se expanda.
Por eso Hacia lo Salvaje te ayuda a recuperar eso que está tan dentro, olvidado, dormido, para sacarlo fuera.
Porque lo salvaje nada tiene que ver con la falta de control, sino con la conexión más pura, real y auténtica con nuestra naturaleza.
¿Y qué pasa cuando no hay esa conexión?
Algunas mujeres lo definen así:
– Sin ganas de nada, apática, sin inspiración, sin creatividad.
– Como con una falta de espiritualidad o sensibilidad, irascible, cabreada con el mundo.
– Incapaz de seguir adelante, insegura, atascada, bloqueada.
– Sin capacidad para poner límites.
– Con miedo a lanzarme a la aventura.
“Se quedan mudas, cuando están ardiendo, se agarran cuando deberían soltar”
Y por al unirte a la comunidad de Mujeres Salvajes recibirás un ejercicio para conectar con tu fuego interior, con tu intuición.