Si te subes a la bici para descubrir un territorio, no para batir un crono, tienes una antepasada que si conoces, te encantará conocer: Annie Londonderry.
En 1894 salió de Boston con una bicicleta, muy poca experiencia y tres hijos pequeños en casa, y volvió 15 meses después convertida en la primera mujer que dio la vuelta al mundo en bicicleta.
No lo hizo por deporte. Lo hizo por rabia contenida y, sobre todo, por demostrar que una mujer podía moverse sola por el mundo y ganarse la vida haciéndolo. Esta es su historia, con sus luces, sus sombras y lo que todavía tiene que decirnos a quienes viajamos en bici para conocer, no para competir.
¿Quién fue Annie Londonderry y por qué toda amante de la bici debería conocerla?
Annie Londonderry, cuyo nombre real era Annie Cohen Kopchovsky, fue una migrante judía nacida hacia 1870 en la actual Letonia y criada en un barrio humilde de Boston. Se casó joven, tuvo tres hijos y trabajaba vendiendo publicidad para un periódico cuando, en junio de 1894, aceptó un reto cuanto menos difícil, dar la vuelta al mundo en bicicleta en 15 meses y ganar 5.000 dólares por el camino.
Lo consiguió. Se convirtió en la primera mujer en dar la vuelta al mundo en bicicleta, y de paso en una de las primeras estrellas deportivas femeninas internacionales. Su nombre entra por la puerta grande en cualquier repaso a la historia de las mujeres ciclistas. Pero lo que a mí me interesa contarte no es solo la gesta, es que Annie Londonderry entendió antes que nadie algo que seguimos afirmando hoy, y es que la bici no es solo un medio de transporte, es una forma de ocupar el espacio público como mujer.
Si haces cicloturismo, si eliges la bici para conocer un territorio despacio, esta mujer es tu antepasada: valiente, a veces exagerada y contradictoria. Sigue leyendo, porque la historia tiene más capas de las que parece.
La bicicleta como herramienta de emancipación femenina en el siglo XIX
En la década de 1890, Europa y Estados Unidos vivieron el llamado boom de la bicicleta. Coincidió, no por casualidad, con el auge de los movimientos sufragistas. La bici permitía a las mujeres moverse solas, sin carabina ni caballo, y eso cambiaba las reglas del juego.
Susan B. Anthony llegó a decir que la bicicleta había hecho más por la emancipación de la mujer que casi cualquier otra cosa. Facilitaba la autonomía física, obligaba a abandonar el corsé y las faldas imposibles, y ponía en duda la idea de que las mujeres eran demasiado frágiles para el esfuerzo sostenido.
Claro que no todo el mundo lo veía así. Las mujeres que pedaleaban largas distancias eran acusadas de impropias, de masculinizarse, de descuidar a sus hijos. Que una madre de tres pedaleara sola por el mundo desafiaba de lleno la norma victoriana de la esfera doméstica, que reservaba a las mujeres el papel de esposas presentes en casa. Annie Londonderry se metió justo en esa grieta.
La apuesta, el patrocinio y el nacimiento de «Londonderry»
La leyenda dice que todo empezó con una apuesta entre dos hombres ricos de Boston: uno defendía que las mujeres podían hacer cualquier cosa que hiciera un hombre, el otro lo negaba. Para zanjarlo, propusieron el reto: una mujer daría la vuelta al mundo en bicicleta en 15 meses y ganaría 5.000 dólares por el camino, más de 100.000 dólares de hoy. No está del todo documentado que la apuesta existiera tal cual, pero fue la historia que Annie Londonderry contó a la prensa, y funcionó.
Antes de salir, ya tenía patrocinador: la Londonderry Lithia Spring Water Company le pagó 100 dólares por llevar un cartel publicitario en la bici y adoptar su nombre comercial como identidad pública. De ahí viene el «Londonderry» que hoy la identifica. Annie Cohen Kopchovsky desapareció y nació una marca.
Vendía espacio publicitario en su ropa y en la bicicleta, daba conferencias, concedía entrevistas. Su experiencia previa vendiendo anuncios le sirvió para convertir el viaje en una fuente de ingresos. Es, con más de un siglo de antelación, una de las primeras influencers de viajes de la historia.
El viaje: 15 meses, bicicleta, tren y barco alrededor del mundo
De Boston a Chicago, con falda larga y corsé
Annie Londonderry salió de la Massachusetts State House el 25 de junio de 1894, despedida por unas 500 personas, montada en una bicicleta Columbia de 42 libras, con falda larga, corsé y cuello alto. Apenas había practicado unos días antes de salir.
Los primeros tres meses, hasta Chicago, fueron duros: caminos sin asfaltar, barro, caídas, tráfico de caballos. Perdió entre 9 y 10 kilos en ese tramo, prueba de un esfuerzo físico considerable para alguien sin formación deportiva previa. En Chicago entendió que seguir hacia el oeste en invierno era temerario, así que volvió sobre sus pasos hacia Nueva York, cambió de bicicleta (una Sterling, más ligera) y de vestuario: adoptó los bombachos, más prácticos que la falda.
Europa, Asia y la vuelta: cuando la ruta se hizo real
Cruzó el Atlántico en barco hasta Francia y desde ahí combinó tramos en bicicleta con trenes y barcos: París, Marsella, Alejandría, Jerusalén, Colombo, Singapur, varias ciudades de Asia Oriental. En cada parada daba charlas, vendía publicidad y alimentaba una narrativa cada vez más espectacular.
Volvió a Estados Unidos por San Francisco en marzo de 1895 y cruzó el país de oeste a este, apoyándose en trenes para los tramos más duros. Llegó a Boston el 24 de septiembre de 1895, 15 meses después de salir.
Aquí viene el dato honesto que no todos los artículos cuentan: el cuentakilómetros de su bicicleta marcaba unos 15.455 kilómetros pedaleados, muy lejos de los 41.800 que ella decía haber recorrido dando la vuelta al mundo. El periodista Peter Zheutlin, su propio familiar, lo investigó a fondo en su libro Around the World on Two Wheels (2007): Annie combinó cicloturismo con trayectos en barco y tren, y adornó un poco el resto.
Críticas y resistencias
Annie Londonderry fue también objeto de burla, sospecha y ataques por parte de sectores conservadores y machistas de su época. No aceptaban que una madre dejara a sus hijos para lo que llamaban una «aventura egoísta», ni que una mujer se mostrara en público viajando sola, en pantalones y bicicleta.
En Francia y en otros países, su cuerpo musculado y su independencia se interpretaron como rasgos «no femeninos», reforzando estereotipos de género rígidos. La reacción no era casual, cuestionaba directamente quién tenía permiso para protagonizar la aventura.
Estas reacciones no son solo historia. Ilustran la resistencia social que siguen enfrentando las mujeres que ocupan espacios tradicionalmente masculinos, sobre todo en el deporte de aventura y los viajes independientes. Annie Londonderry convirtió su viaje en un laboratorio para experimentar nuevas identidades, romper normas y explorar su propio deseo más allá del rol que se esperaba de ella. Eso, más de un siglo después, sigue siendo buena parte del motivo por el que muchas mujeres se suben a una bici.
La frontera entre verdad y ficción
Muchos episodios que Annie Londonderry relató (supuestas capturas, accidentes espectaculares, encuentros exóticos) han resultado imposibles de verificar o claramente exagerados. Su propia familia y sus biógrafos reconocen que era una narradora fabuladora, más interesada en el efecto que en la exactitud.
Ese gusto por la fantasía se puede leer como estrategia para captar atención en un mercado mediático competitivo, y también como una forma de apropiarse de la narrativa de aventura, tradicionalmente reservada a los hombres.
En cualquier caso conviene mirarlo con ojo crítico, sus relatos sobre Asia y Oriente Medio también reproducen, en varios pasajes, la exotización propia del colonialismo de su época. Reivindicar a Annie Londonderry no significa idealizarla.
Su inclinación a dramatizar abre un debate que sigue vigente en el cómo contamos los viajes: ¿hasta qué punto es lícito adornar el relato para vender una experiencia? ¿Cómo equilibrar autenticidad sin faltar a la verdad?
En Hacia lo Salvaje creemos que la respuesta pasa por narrar desde la honestidad crítica, celebrar la valentía sin invisibilizar las contradicciones, los privilegios y las complejidades éticas.
Lo que Annie Londonderry tiene que ver con el cicloturismo de hoy
Annie Londonderry abrió una grieta que otras pioneras del cicloturismo femenino han ido ensanchando desde entonces: Dervla Murphy, Anne Mustoe, Juliana Buhring, y tantas cicloturistas anónimas que hoy planifican su propia ruta sin pedir permiso a nadie. Han cambiado la infraestructura, la tecnología, los derechos. Lo que no ha cambiado del todo es lo político que sigue siendo que una mujer decida sola, o en compañía de otras mujeres, por dónde pedalear.
En Hacia lo Salvaje esto no es una anécdota histórica, es el eje de varios de nuestros viajes, pedaleamos por el rural gallego con Iria Prendes, por el Matarraña con Biela y Tierra, y por Japón con Irene Saki, siempre en grupos pequeños, siempre para conocer el territorio y a la gente que lo habita. La bici como forma de relacionarnos con un lugar, no de atravesarlo rápido.

Preguntas frecuentes sobre Annie Londonderry
¿Quién fue Annie Londonderry?
Annie Londonderry, de nombre real Annie Cohen Kopchovsky, fue una migrante judía afincada en Boston que en 1894 y 1895 se convirtió en la primera mujer en dar la vuelta al mundo en bicicleta. Antes del viaje trabajaba vendiendo publicidad y era madre de tres hijos pequeños. Su gesta la convirtió en una de las primeras estrellas deportivas femeninas internacionales.
¿Cuánto tiempo tardó Annie Londonderry en dar la vuelta al mundo en bicicleta?
Tardó 15 meses, desde junio de 1894 hasta septiembre de 1895. Ese plazo era, según la leyenda que ella misma difundió, la condición de una apuesta que debía cumplir junto con ganar 5.000 dólares por el camino.
¿Annie Londonderry hizo todo el viaje en bicicleta?
No del todo. El cuentakilómetros de su bicicleta marcaba unos 15.455 kilómetros pedaleados, mientras que ella decía haber recorrido más de 41.000 dando la vuelta al mundo. Combinó tramos reales de cicloturismo con trayectos en barco y tren, algo que investigó y documentó el periodista Peter Zheutlin.
¿De dónde viene el nombre Londonderry?
Del primer patrocinador de Annie: la Londonderry Lithia Spring Water Company le pagó 100 dólares por llevar publicidad en su bicicleta y adoptar el nombre de la marca como identidad pública durante el viaje.
¿Se puede hacer cicloturismo con Hacia lo Salvaje?
Sí. Organizamos viajes de cicloturismo para mujeres en varios destinos, desde el rural gallego con Iria Prendes como guía, por el Matarraña en Teruel de la mano de Biela y Tierra hasta en Japón con Irene Saki recorriendo los lagos del Fuji o la Shimanami Kaido.
¿Por qué Annie Londonderry sigue siendo relevante para las cicloturistas de hoy?
Porque encarna algo que sigue vigente: la decisión de una mujer de moverse sola por el mundo, ganarse la vida haciéndolo y contar su propia historia. Es una referencia incómoda y valiosa para pensar el cicloturismo femenino más allá del dato deportivo.






