Berta Cáceres: 7 razones poderosas por las que sigue siendo un referente ecofeminista

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Hablar de Berta Cáceres no es solo hablar de una mujer valiente. Es hablar de ríos que defienden su curso, de comunidades que se organizan, de cuerpos que no se rinden y de un ecofeminismo encarnado, vivido y peleado hasta las últimas consecuencias. Si alguna vez te has preguntado qué significa realmente poner la vida en el centro, quédate conmigo. Porque la historia de Berta Cáceres remueve.

Quizá ya la conoces. Quizá su nombre te suena como un eco lejano asociado a una injusticia brutal. Pero hoy quiero que la mires de cerca, como mirarías a una hermana de tierra. Quiero contarte por qué Berta Cáceres sigue siendo un referente ecofeminista imprescindible, y por qué su legado sigue caminando con nosotras, también en Hacia lo Salvaje.

1. Porque defendió la vida desde el territorio y el cuerpo

Berta Cáceres era lenca. Y esto no es un dato menor. Para ella, el territorio no era un recurso ni un paisaje bonito: era cuerpo, memoria y espiritualidad. Algo muy cercano a lo que nos comparte Lorena Cabnal cuando habla de cuerpo-tierra-territorio (si no has leído su artículo, te lo dejo aquí 👉 https://hacialosalvaje.net/lorena-cabnal-mujer-cuerpo-y-territorio/).

Desde el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), Berta lideró la defensa del río Gualcarque frente al proyecto hidroeléctrico Agua Zarca. Un río sagrado para el pueblo lenca. Según datos del Banco Mundial, más del 50 % de los conflictos socioambientales en América Latina están relacionados con proyectos extractivos en territorios indígenas, y Honduras es uno de los países más peligrosos para quienes defienden la tierra.

Berta entendía algo que el ecofeminismo repite una y otra vez: la violencia contra la naturaleza y la violencia contra las mujeres tienen la misma raíz. Cuando se invade un territorio sin consentimiento, cuando se explota un río, también se están violentando cuerpos, comunidades y saberes ancestrales.

2. Porque puso rostro de mujer a la defensa ambiental

Durante años, la figura del “defensor ambiental” estuvo masculinizada. Berta Cáceres rompió ese molde. Fue mujer, indígena, madre y lideresa. Y eso importó. Mucho.

Según Amnistía Internacional, el 60 % de las mujeres defensoras de derechos humanos sufren violencia de género específica, incluyendo amenazas sexuales, difamación o ataques a sus familias. Berta Cáceres vivió todo eso. Y aun así, siguió.

Su liderazgo no era autoritario ni jerárquico. Era comunitario, horizontal, profundamente feminista, aunque ella no siempre usara esa etiqueta. Como tantas mujeres rurales que sostienen la vida sin nombrarla, Berta practicaba el ecofeminismo antes de teorizarlo.

Si te interesa profundizar en cómo otras pensadoras han articulado estas ideas, te recomiendo releer a Alicia Puleo (https://hacialosalvaje.net/ecofeminismo-razones-para-leer-a-alicia-puleo/) o a Françoise d’Eaubonne, quien acuñó el término ecofeminismo (https://hacialosalvaje.net/francoise-deaubonne-ecofeminismo/).

3. Porque enfrentó al poder económico y ganó (al menos una vez)

Esta parte siempre me pone la piel de gallina. Porque sí: Berta ganó. En 2013, gracias a la presión comunitaria liderada por el COPINH, la empresa china Sinohydro se retiró del proyecto Agua Zarca. También lo hicieron financiadores internacionales.

No fue magia. Fue organización, resistencia y una capacidad enorme de tejer alianzas. Según Global Witness, Honduras registró en 2016 la tasa más alta del mundo de asesinatos de defensores ambientales per cápita. Defender la vida allí no es una metáfora. Es una apuesta vital.

Berta Cáceres incomodó porque señalaba algo muy claro: el desarrollo que mata no es desarrollo. Una idea que conecta directamente con las críticas ecofeministas al capitalismo extractivista, como las que desarrolla Mary Mellor en la economía ecofeminista (https://hacialosalvaje.net/mary-mellor-y-la-economia-ecofeminista/).

berta cáceres hacia lo salvaje

4. Porque su asesinato visibilizó una violencia estructural

Berta Cáceres fue asesinada el 2 de marzo de 2016. Decirlo nunca es fácil. Pero nombrarlo es necesario.

Su muerte no fue un hecho aislado. Según datos de Global Witness, más de 1.900 personas defensoras del medio ambiente fueron asesinadas entre 2012 y 2022, muchas de ellas en América Latina. En el caso de Honduras, Amnistía Internacional ha denunciado reiteradamente la impunidad estructural y la connivencia entre empresas, élites políticas y fuerzas de seguridad.

El juicio condenó a varios autores materiales y, en 2021, a un exdirectivo de la empresa DESA como coautor intelectual. Un paso importante, aunque insuficiente. Como señala este texto de CERAI que te recomiendo leer con calma (https://cerai.org/en-memoria-de-berta-caceres-me-lo-dijo-el-rio/), la justicia completa aún está pendiente.

Hablar de su asesinato no es recrearse en el dolor. Es señalar las estructuras que siguen poniendo en riesgo a quienes defienden la vida.

5. Porque su ecofeminismo era práctico, cotidiano y comunitario

A veces el ecofeminismo se queda en palabras bonitas. En libros. En teorías. Berta Cáceres lo bajó al barro. A las asambleas. A las cocinas comunitarias. A las caminatas junto al río.

Esto conecta mucho con lo que vivimos en Hacia lo Salvaje: el viaje como herramienta de transformación, el cuerpo en movimiento, el diálogo con quienes ya están construyendo alternativas. Berta Cáceres creía profundamente en la organización comunitaria como forma de cuidado.

Según ONU Mujeres, las mujeres rurales producen entre el 60 y el 80 % de los alimentos en países en desarrollo, pero tienen menos acceso a tierra, recursos y poder de decisión. Berta Cáceres luchó contra esa desigualdad desde la raíz, entendiendo que sin justicia de género no hay justicia ambiental.

6. Porque su legado sigue vivo y organizado

COPINH sigue activo. Las comunidades lencas siguen defendiendo el río. Las hijas de Berta Cáceres, especialmente Bertha Zúñiga Cáceres, continúan su lucha. Esto también es ecofeminismo: la continuidad, el relevo, la sororidad intergeneracional.

Cuando lees a Vandana Shiva (https://hacialosalvaje.net/vandana-shiva-una-vision-ecofeminista/) o a Carol J. Adams (https://hacialosalvaje.net/carol-j-adams-veganismo-y-ecofeminismo/), ves que todas coinciden en algo: no se trata de heroínas solitarias, sino de movimientos vivos.

Berta Cáceres nunca quiso ser un icono. Quiso ser parte de un “nosotras”. Y quizá por eso su nombre sigue resonando.

7. Porque nos interpela directamente, aquí y ahora

Y ahora te pregunto a ti, compañera: ¿qué hacemos con todo esto? Porque Berta Cáceres no es solo una historia que ocurre lejos, en Honduras, está pasando aquí y en el mundo entero como abordamos en este podcast: 👉Cuando el extractivismo llama a la puerta: voces y cuerpos que defienden el territorio en España

Cada vez que elegimos cómo vivimos, qué proyectos apoyamos, cómo nos movemos por un territorio, estamos tomando partido. El ecofeminismo no es una etiqueta, es una práctica diaria.

Para cerrar

Berta Cáceres sigue siendo un referente ecofeminista porque nos enseña que defender la vida no es un gesto abstracto. Es una decisión diaria. Incómoda. Valiente. Colectiva.

Ojalá este artículo te haya removido un poquito por dentro. Ojalá lo compartas, lo comentes, lo lleves a una conversación con amigas, a una caminata, a un círculo de mujeres. Porque mientras sigamos hablando de Berta Cáceres, Berta sigue viva.

Y ahora dime: ¿qué río estás dispuesta a defender tú?

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