Cómo viajar sola en grupo y disfrutarlo de verdad

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Ese cosquilleo que te dice “quiero viajar sola”… aunque me dé cosica

Hay un momento casi mágico, y un poco desconcertante, en el que vuelves a sentir el impulso de viajar sola. No porque toque, no porque alguien te lo haya propuesto, no porque esté en “la lista de cosas que hacer antes de los 60”. Simplemente aparece. A veces es al ver una foto, un paisaje, una conversación de otras mujeres que se han atrevido. Otras veces es más sutil, una especie de cosquilleo, una punzadica ligera en el estómago que te dice “eh… igual te toca a ti”.

Y entonces, claro, aparece la otra voz. La que todas conocemos.
La que intenta protegerte, pero también te frena.

“¿Y si no encajo?”
“¿Y si todas se conocen y yo soy la rara?”
“¿Y si no soy suficiente aventurera, suficiente simpática, suficiente lo-que-sea?”
“¿Y si ya no es para mí?”
“¿Y si…?”

Tu cabeza empieza a pedir certezas como si fueran caramelos. Quiere garantías, manuales de instrucciones, un contrato firmado donde diga que todo saldrá bien antes de que te atrevas a dar el primer paso. Pero esa seguridad total… no existe. No para viajar sola. No para vivir. No para reconectar.

Lo que sí existe, y ahí está la clave, es esa intuición que insiste. Ese cuerpo que se activa cada vez que lees sobre viajes para mujeres, sobre naturaleza, sobre caminar sin prisa, sobre volver a sentirte viva de una manera sencilla pero profunda. Ese pequeño empuje interno que no grita, pero tampoco se calla.

Porque si estás leyendo esto, hay algo dentro de ti que ya sabe que quiere moverse. Volver a experimentar. Abrirse. Respirar. Encontrar un lugar donde no tengas que demostrar nada, donde puedas ser tú sin filtros ni expectativas. Un lugar donde, por fin, puedas bajar la guardia.

Y sí, da miedo. Pero a veces lo que más duele no es fallar… es no habértelo permitido.

Aquí empieza tu aventura de viajar sola: no en el aeropuerto, no cuando haces la mochila, no cuando conoces al grupo. Empieza ahora. En ese preciso instante en el que admites, aunque sea en voz bajita, que quieres vivir algo distinto. Algo para ti. Algo que te devuelva a ti.

Qué debe tener una agencia para que te sientas segura y acompañada para viajar sola

Cuando estás pensando en viajar sola en grupo, elegir la agencia adecuada lo cambia TODO. No es un detalle menor. No es un trámite. Es literalmente la diferencia entre sentirte cuidada, acompañada, escuchada… o sentirte perdida en mitad de un viaje que no encaja contigo. Por eso es importante que sepas qué buscar, qué señales observar y cómo identificar si ese viaje está diseñado para mujeres como tú, con tu momento vital, tus inquietudes y tus ritmos.

Lo primero: la transparencia

Una agencia que trabaja con mujeres adultas, mujeres con historia, con vivencias, con necesidades concretas, no debería esconder nada: ni ritmos, ni alojamientos, ni nivel de actividad, ni el tipo de energía del grupo. Necesitas claridad para que tu decisión sea tranquila, no un salto al vacío.

Lo segundo: la licencia de viaje

Que si lo primero se da, no te costará encontrarlo. El tema está en que si no hay un número de licencia te pueden dejar con el culo al aire en cualquier momento y perdona que sea así de clara, pero es la cruda realidad. Ante cualquier imprevisto no tienen ninguna responsabilidad legal. Así que no se trata de lucir el cartel con orgullo, sino con la reponsabilidad de llamar a las cosas por su nombre. Cuando viajes con nosotras tendrás un contrato, unas garantías y coberturas, y un respaldo 24 horas en cualquier parte del mundo.

Lo tercero: el estilo de viaje

Hay agencias que se presentan como “viajes para mujeres”, “para viajar sola” pero por dentro siguen siendo lo mismo de siempre: correr, tachar lugares, hacerse fotos, seguir un programa rígido, cambiarte de hotel cada día. Solo que en vez de testosterona hay más rosa. Y tú ya no estás para eso. Tú buscas otra cosa: experiencias con sentido, pausadas, honestas. Lugares que puedas saborear, no coleccionar.

Cuarto: el papel de la guía, de la persona que acompaña

No es lo mismo tener a alguien que recita datos con un micro, que tener a alguien que te acompaña de verdad. Una guía que es puente cultural, emocional, humano. Que sostiene al grupo sin imponer. Que sabe leer los ritmos, los silencios, los cansancios, las alegrías. Que entiende que viajar también es abrir espacio para que tú llegues.

Y, por último, el enfoque, el desde donde nace la propuesta del viaje.

Y aquí es donde nuestra propuesta de viajes Hacia lo Salvaje marca la diferencia. No porque sea “solo para mujeres”, sino porque está creada desde valores que nos importan: el ecofeminismo, el cuidado mutuo, la colaboración con mujeres locales sin convertirlas en folclore turístico, el respeto por los ritmos, la sostenibilidad emocional y ecológica, la mirada crítica y amorosa a la vez.

Por qué importa el enfoque: qué significa viajar sola desde una mirada ecofeminista

Viajar desde una mirada ecofeminista no es un eslogan bonito. Es, en realidad, una forma completamente distinta de entender lo que significa moverse por el mundo. No se trata solo de qué ves, sino de cómo lo miras, con quién lo compartes y qué huella dejas al pasar. Y cuando viajs sola por primera vez dentro de un grupo, esta mirada importa todavía más, porque determina si te sentirás parte de algo significativo… o si solo vas de un sitio a otro sin que nada cale de verdad.

El ecofeminismo nos recuerda que todas las vidas están interconectadas: la tuya, la de las mujeres que encontrarás allí, la de los territorios que pisas, la de las comunidades que te recibirán. Te ayuda a viajar con respeto, con escucha, con presencia. A dejar de mirar los lugares como escenarios y empezar a verlos como hogares de otras personas, otras historias, otros ritmos. Y cuando te colocas ahí, algo cambia. Dejas de viajar para “venirte arriba” y empiezas a viajar para comprender, para sentir, para cocrear.

Esto es algo que en Hacia lo Salvaje se cuida con detalle, no colaboramos con mujeres locales para hacer la “foto colorida” o para mostrar su cultura como un elemento exótico del itinerario. Colaboramos de verdad. Codo con codo. Pagando de forma justa. Escuchando. Aprendiendo. Creando propuestas con ellas y no sobre ellas. No hay folclore turístico, hay alianza. No hay espectáculo, hay encuentro. Y así lo ha valorado una investigación publicada por la prestigiosa Journal of Sustainable Tourism, una de las revistas científicas más relevantes a nivel internacional en temas de turismo responsable, sostenibilidad y justicia social.

Y eso, cuando decides viajar sola en grupo por primera vez, te abraza. Te da un propósito más grande que tus miedos iniciales. Te sitúa dentro de una red de mujeres que viven, sienten y trabajan por un mundo más justo, más amable, más consciente. Te recuerda que estás haciendo algo más que un viaje: estás eligiendo cómo quieres relacionarte con el planeta y con las personas que lo habitan.

Además, esta forma de viajar sola también te libera de la presión. Aquí nadie corre. Nadie compite. Nadie necesita llegar la primera. Porque la pregunta nunca es “¿cuánto vamos a ver hoy?”, sino “¿cómo queremos vivirlo juntas?”. Y ese cambio transforma la experiencia completa. Te permite descansar, sentir, bajar la guardia, abrirte. No hace falta demostrar nada. No hace falta ser la más aventurera. Basta con ser tú.

Este enfoque crea un entorno seguro, respetuoso y profundamente humano. Y para una mujer que decide viajar sola por primera vez en grupo, eso no es un lujo. Es esencial.

Viajar Sola en grupo Hacia lo Salvaje

Cómo saber si un grupo es para ti (aunque no conozcas a nadie aún)

Esta es una de las preguntas más repetidas: “¿Cómo sé si voy a encajar con el grupo si no conozco a nadie?”

La respuesta es mucho más sencilla, y a la vez más profunda, de lo que parece. No se trata de analizar perfiles, edades o personalidades. No se trata de estudiar si las demás son más aventureras, más sociables o más extrovertidas que tú. En realidad, se trata de escuchar otra cosa, la vibración del viaje.

Los grupos de mujeres que deciden viajar sola y que se acercan a Hacia lo Salvaje tienen un patrón precioso que se repite una y otra vez. Suelen ser mujeres que están en un momento parecido al tuyo, quieren volver a sentirse vivas, buscan experiencias con sentido, necesitan un respiro, desean nuevas amistades que nazcan desde un lugar sano y no desde la obligación social de compartir mesa con quien toque. Mujeres que quizá llevan años cuidando a los demás, criando, acompañando, sosteniendo casas, trabajos, familias, y por fin quieren hacer algo para sí mismas.

Ese deseo compartido crea una base común muy potente. Mucho más profunda que la edad o la profesión. Y eso hace que la conexión sea rápida, casi natural. No porque todas seáis iguales, sino porque todas venís buscando lo mismo, un espacio seguro donde ser auténticas.

En Hacia lo Salvaje lo vemos constantemente, los grupos se forman solos. Desde el minuto uno. Y no porque “encajéis”. Esa palabra empieza a sonar casi ridícula cuando lo ves en directo. Aquí lo que sucede es otra cosa: Afinidad. Sintonía. Respeto. Libertad.

Además, antes del viaje creamos un grupete de WhatsApp donde empezáis a conoceros, compartís emociones, nervios, dudas, recursos. Y ahí pasan dos cosas mágicas:

  1. El miedo baja.
  2. Empiezas a sentir que perteneces.

Y esa sensación, cuando decides viajar sola por primera vez, vale oro.

El miedo a no encajar al viajar sola: un viejo conocido que no viene a quedarse

Este miedo es tan común que, si lo pusiéramos en una mesa, sería casi como una más del grupo. Está en todas. En la que ha decidido viajar sola por primera vez. En la que lleva tres viajes. En la que parece súper segura desde fuera. En la que se apunta sin conocer a nadie. En la que lleva meses diciéndose “algún día”.

El miedo a no encajar no es una señal de que “este viaje no es para ti”.
Es una señal de que estás saliendo del molde en el que has estado demasiado tiempo.

Y la cabeza, práctica, lógica, precavida, intenta frenarlo porque quiere certezas. Quiere garantías. Quiere un anticipo de lo que pasará. “¿Serán simpáticas? ¿Me aceptarán? ¿No estaré muy sola? ¿Qué tal si mejor me espero un poco más, a ver si desaparece este nervio?”

Pero ya lo sabes: El miedo no es un indicador de peligro. Es un indicador de movimiento.

La mayoría de las mujeres que quieren viajar sola Hacia lo Salvaje suelen compartir algo así como: “No es que no quiera… es que me da cosica.”

Ese nudo que sube un poco por la garganta. Ese pensamiento que parece querer protegerte de una exposición, de algo nuevo, de un cambio de ritmo. Ese “¿y si…?” que nunca viene con respuestas reales, solo con escenarios imaginarios.

En esta parte del proceso es donde entra otra voz, una más suave, más honesta, más tuya: tu cuerpo. Esa intuición que no necesita argumentos. Esa emoción que se despierta cuando lees un itinerario, cuando ves un paisaje al que te gustaría llegar, cuando escuchas las historias de otras mujeres que ya han viajado. Esa sensación de “esto podría ser para mí”.

El miedo a no encajar no pretende decirte que no puedes. Solo quiere que te quedes en lo conocido. Pero lo conocido no siempre es lo que más te nutre. A veces es solo lo que más se repite.

Aquí no vienes a encajar en nada. Vienes a sentirte libre. A bajarte de la exigencia. A recordar lo que es hacer algo solo para ti.

Y mira, te voy a decir algo que hemos aprendido escuchando a cientos de mujeres: cuando llegas, cuando das ese paso, cuando te plantas allí con tus nervios y tu ilusión, todo el miedo pierde fuerza.

Porque ves que todas están igual. Porque te miran y sonríen. Porque os reconocéis. Porque respiráis juntas.

No es que el miedo desaparezca por arte de magia. Es que deja de tener la voz cantante.

Y el viaje empieza.

Cuando hace años que no haces algo solo para ti

Esta parte es delicada. Y es importante. Porque muchas mujeres que han dicho sí a viajar sola Hacia lo Salvaje llevan tiempo sintiendo un deseo profundo de volver a hacer cosas para sí mismas… pero también llevan años (o décadas) poniendo a otros por delante.

Hijxs. Pareja. Padres. Trabajo. La casa. La vida. Ese largo etcétera que nunca termina.

Y llega un punto, a veces cumpliendo los 50, a veces antes, a veces después, en el que te das cuenta de que llevas media vida cuidando de todo el mundo menos de ti. Que te has ido acostumbrando a ser la que sostiene, la que organiza, la que resuelve, la que está. Y que, sin querer, te has ido dejando atrás.

Entonces surge ese sentimiento raro, incómodo, difícil de nombrar: la culpa.

“¿Será egoísta irme?”
“¿No debería aprovechar mis vacaciones para algo más productivo?”
“¿Y si piensan que me he vuelto loca?”
“¿Y si no lo merezco?”

Pero escucha esto con calma:

No hay nada más sano que elegirte. No hay nada más radical, en el mejor sentido, que ponerte en el centro durante unos días. No hay nada más necesario que recordarte que tu valor no está solo en lo que das, sino también en lo que te permites recibir.

Muchas mujeres llegan a su primer viaje con esta frase que tú quizá también podrías decir: “Hace años que no hago nada solo para mí.”

Y cuando por fin te permites viajar sola, pasa algo precioso: se recoloca algo por dentro. El cuerpo se alivia. La respiración cambia. La mirada se abre. Te das cuenta de que no te habías perdido… solo te habías dejado en pausa.

Viajar sola así, con mujeres que sienten lo mismo, que también necesitan ese espacio de autocuidado, que viven los días como un regalo personal, no es un capricho. Es un acto de reparación. De volver a casa.

Y sí, cuesta. Pero cuesta infinitamente más seguir negándotelo.

Cómo llegar abierta para viajar sola sin necesitar “ser de un modo concreto”

Hay algo liberador en viajar sola dentro de un grupo: no tienes que interpretar ningún papel. No tienes que demostrar nada. No tienes que “caer bien”. No tienes que mostrar tu mejor versión todo el tiempo. No tienes que ser graciosa, sociable, fuerte, espiritual, valiente, aventurera o lo que sea que crees que se espera de ti. Nada de eso.

En un viajar sola así, lo que importa no es quién “pareces”, sino quién eres cuando por fin puedes bajar la guardia.

Y puede que suene raro, pero a muchas mujeres esto les cuesta más de lo que imaginan. Están tan acostumbradas a cumplir, a sostener, a cuidar, a encajar y a adaptarse… que cuando llegan a un espacio donde simplemente pueden ser, no saben muy bien cómo aterrizar ahí. Por eso, antes de salir, es útil recordarte una cosa:

No necesitas prepararte para gustar. Solo necesitas venir tal cual estás.

A veces llegar abierta significa permitirte estar nerviosa. O callada. O emocionada. O cansada. A veces significa necesitar tu espacio los primeros días. O hablar más de lo habitual porque vienes con ganas de desahogo. O mezclarlas todas a la vez, que también pasa.

Lo bonito de un grupo de mujeres adultas que viajan desde el cuidado es que hay sitio para todo eso. No se espera que todas tengan la misma energía, la misma historia ni el mismo ritmo. Lo único que se espera es respeto. Presencia. Escucha. Honestidad suave.

Si llegas intentando “ser la versión adecuada de ti”, te agotarás. Si llegas dispuesta a ser tú, aunque estés oxidada, te abrirás sin esfuerzo.

Viajar sola así es como quitarte una mochila invisible que pesa más que la física. Es un pequeño acto de rebeldía íntima: qué alivio no tener que estar demostrando todo el tiempo.

Y otra cosa importante: llegar abierta no significa exponerte más de lo que te apetece. Significa llegar sin un guion rígido. Sin expectativas que te encierren. Con la disposición de dejarte sorprender por ti, por el grupo, por el lugar… y también por las partes de ti que hace tiempo no salen.

Porque cuando no tienes que “ser de un modo concreto”, te das espacio para encontrarte de nuevo.

“Normas” de convivencia que facilitan que la magia aparezca al viajar sola

La palabra “norma” suena rígida por eso aquí no hablamos de reglas estrictas ni manuales. Aquí las normas desaparecen para hablar de invitaciones y propuestas. Intentamos generar un tipo de cuidado colectivo que hace que el viaje sea ligero para todas. Que dé gusto. Que fluya.

Y te aseguro una cosa, cuando un grupo de mujeres se cuida, se escucha y se respeta, se crea una energía que no se compra con dinero. Es algo que se siente. Que te sostiene incluso cuando no conoces a nadie.

Estas son algunas de las propuestas que hacen que la magia pase:

1. Ritmos respetados.
Hay días en los que te sientes arriba y días en los que necesitas bajar el volumen. Y está bien. Cada mujer puede vivir el viajar sola a su manera sin sentirse juzgada. Ojalá aplicáramos esto en la vida cotidiana…

2. La escucha activa.
Cuando alguien comparte algo de su vida, su historia o su emoción, se recibe con cariño, no con interrupciones o comparaciones. Cada mujer trae su mochila invisible. Y todas merecen un espacio digno.

3. No competir por nada.
Ni por ser la que más camina, la que más fotos hace, la que más sabe del destino o la que más anécdotas trae de casa. Aquí se celebra la autenticidad, no la performance.

4. Privacidad que se respeta.
Si alguien necesita silencio, lo tiene. Si alguien necesita hablar, lo tiene. Si alguien necesita caminar sola un rato, también lo tiene.

5. Flexibilidad como forma de vida.
Los planes son propuestas, no imposiciones. A veces el cuerpo pide otra cosa. A veces la naturaleza cambia el ritmo. A veces hay que soltar. Y está bien.

6. Humor y ligereza.
Porque a veces la magia empieza cuando alguien dice algo torpe o se ríe de sí misma y de repente todas se relajan. El humor nos salva.

Cuando estos acuerdos se dan, y en este tipo de viajes se dan de forma natural, ocurre lo más hermoso: nos sentimos seguras, seguras de ser, de sentir, de expresarse.
Además te invito a echar un vistazo a este artículo que escribí sobre la comunicación no violenta, un enfoque creado por el psicólogo Marshall Rosenberg. No se trata solo de palabras, sino de una herramienta que nos invita a escuchar desde la empatía, hablar con honestidad y conectar con lo que realmente importa: nuestras emociones y necesidades.

Y eso, para tu primer viaje sola en grupo, lo cambia todo.

Conclusión: lo que pasa cuando dices que sí a viajar sola con Hacia lo Salvaje

Cuando dices que sí a viajar sola así, pasa esto:

Pasa que algo dentro se alivia. Tu cuerpo sabe que por fin has elegido algo para ti.

Pasa que empiezas a mirar el mundo distinto. Con ilusión. Con nervios. Con ganas.

Pasa que te unes a un grupo de mujeres que también han dicho “sí”. Y sientes la sororidad incluso antes de salir.

Pasa que formamos un grupo donde empezar a conoceros, compartir dudas, emoción, herramientas, y confirmas que así sí. Que este es tu sitio.

Pasa que te preguntas por qué no lo hiciste antes. Pero no importa. Porque lo estás haciendo ahora.

Y sobre todo pasa algo más profundo: recuperas la chispa. La que creías perdida. La que vuelve cuando haces algo auténtico, valiente y tuyo.

Esto es lo que ocurre cuando decides viajar sola hacia lo que te llama, en vez de hacia lo que te da miedo.

Y si lo estás sintiendo… quizá ya sabes la respuesta.

FAQs sobre Viajar Sola

Quiero viajar sola pero en grupo ¿Cómo saber si encajaré con un grupo de viajes Hacia lo Salvaje?

Porque lo que une al grupo no es la edad, el carácter o la experiencia viajando: es el momento vital. Sois mujeres con ganas de respirar, de reconectar, de volver a sentirse vivas. Cuando vienes desde ahí, encajar no es un problema, surge solo.

¿Qué hacer si me siento fuera de lugar los primeros días?

Date tiempo. Observa. Descansa. Comparte lo justo. Conecta cuando te salga. Todas llegan igual. Y siempre, siempre, se suaviza con el paso de las horas.

¿Necesito estar en forma para un viajar sola Hacia lo Salvaje?

No. No son viajes deportivos. Los ritmos son suaves, las rutas se adaptan al grupo y lo importante no es la velocidad, sino cómo te hace sentir la naturaleza. Además tenemos viajes más tranquilos, más activos, echa un vistazo por nuestro calendario de viajes a ver cual te encaja más.

¿Es normal sentir culpa por viajar sola?

Sí. Especialmente si llevas años cuidando de otras personas. Pero elegirte no es egoísmo: es autocuidado. Una necesidad. Una reparación.

¿Cómo sé si este tipo de viaje es para mí?

Si te vibra. Si te remueve. Si te imaginas allí y sientes alivio. Si te apetece hacer algo solo para ti. Si intuyes que necesitas parar y respirar. Eso ya es una señal muy clara. Echa un vistazo a nuestro calendario de viajes a ver si sientes esa llamada.

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