Brujas, ciencia y capitalismo: el legado silenciado que aún nos atraviesa

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¿Alguna vez te has sentido desconectada de tu cuerpo o de la naturaleza que te rodea? Yo sí. Durante mucho tiempo, viví sin cuestionar las estructuras que moldeaban mi día a día. Hasta que un libro llegó a mis manos y cambió mi forma de ver el mundo: Calibán y la bruja de Silvia Federici.

Este artículo es una invitación a mirar atrás, a honrar la memoria de aquellas mujeres que fueron perseguidas por ser diferentes, por sanar, por saber. Pero también es una llamada a despertar, a reconocer cómo esas estructuras de opresión aún nos atraviesan y cómo podemos resistir desde la conexión con la naturaleza y entre nosotras.

El despertar: mi encuentro con “Calibán y la bruja”

Recuerdo claramente el día que comencé a leer Calibán y la bruja y esa sensación de “ahora lo entiendo todo”. Federici no solo relata la brutalidad de la caza de brujas, sino que la sitúa en el contexto del surgimiento del capitalismo, mostrando cómo la opresión de las mujeres fue una condición necesaria para su desarrollo.

Me di cuenta de que muchas de las luchas que enfrentamos hoy tienen raíces profundas en esa historia silenciada. Comprendí que honrar a las brujas no es solo un acto de memoria, sino una forma de resistir y de construir un futuro diferente.

La caza de brujas: más allá de la superstición

La caza de brujas no fue un episodio aislado de histeria colectiva. Fue una estrategia sistemática para eliminar a mujeres que representaban una amenaza para el nuevo orden económico y social. Mujeres que poseían conocimientos sobre medicina, que vivían de forma autónoma, que desafiaban las normas establecidas.

Entre los siglos XV y XVII, miles de mujeres fueron torturadas y ejecutadas bajo la acusación de brujería. Pero lo que realmente se castigaba era su independencia, su sabiduría, su poder. Esta persecución sirvió para instaurar un modelo en el que las mujeres eran relegadas al ámbito doméstico y sus cuerpos se convertían en propiedad del Estado y del mercado.

El cuerpo femenino como territorio de conquista

La caza de brujas marcó el inicio de una larga historia de control sobre los cuerpos de las mujeres. Se prohibieron prácticas anticonceptivas, se medicalizó el parto y se desvalorizó el trabajo reproductivo. El cuerpo femenino se transformó en una máquina al servicio de la producción capitalista.

Esta lógica sigue presente hoy en día. La presión sobre nuestros cuerpos, las violencias que enfrentamos, la invisibilización de los cuidados… son manifestaciones contemporáneas de esa misma estructura de dominación. Reconocerlo es el primer paso para liberarnos y reclamar la soberanía sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas.

La naturaleza domesticada: el legado de Carolyn Merchant

Carolyn Merchant, en su obra La muerte de la naturaleza, expone cómo la Revolución Científica transformó la visión del mundo natural. La naturaleza pasó de ser vista como un organismo vivo a ser concebida como una máquina, algo que podía ser explotado y controlado.

Esta cosificación de la naturaleza va de la mano con la opresión de las mujeres. Ambas fueron despojadas de su agencia, reducidas a recursos al servicio del capital. El ecofeminismo nos invita a recuperar esa conexión perdida, a reconocer que la liberación de las mujeres y la protección de la naturaleza son luchas inseparables.

El ecofeminismo como camino de resistencia

El ecofeminismo no es solo una teoría, es una forma de estar en el mundo. Es la conciencia de que la opresión de las mujeres y la destrucción del planeta comparten raíces comunes: el patriarcado, el capitalismo y la lógica del dominio. Nos dice que el cuerpo de la Tierra y el cuerpo de las mujeres han sido colonizados, explotados y silenciados bajo las mismas estructuras de poder.

¿Y qué propone? Una revolución que empieza en lo cotidiano. En cómo nos relacionamos con nosotras mismas, con otras mujeres, con los ríos, los árboles y los animales. Es entender que cuidar no es un acto menor, que nutrir es revolucionario y que sostener la vida en comunidad es una forma poderosa de resistencia.

A muchas nos han hecho creer que estar en armonía con la naturaleza es algo naïf, casi cursi. Pero lo verdaderamente subversivo hoy es poner la vida, toda la vida, en el centro. El ecofeminismo nos ofrece un mapa para navegar este cambio, para sanar la herida abierta entre cuerpo y tierra, entre cultura y naturaleza.

Akelarre: recuperando la memoria de las brujas de Aragón

Yolanda Palomo lo tiene claro: el silencio también mata. Su proyecto 120 Almas busca rescatar las historias de las mujeres acusadas de brujería en Aragón, reparando su memoria y devolviéndoles la dignidad que les fue arrebatada. Porque no fueron brujas, fueron sabias. No fueron locas, fueron libres.

El número 120 no es al azar. Son las mujeres registradas como víctimas en La mala semilla de Carlos Garcés. Y las llamamos “almas” porque eso eran: presencias vivas, sabias, profundamente conectadas con su entorno. Yolanda recorre pueblos, conversa con ancianas, rebusca en archivos, levanta piedras para sacar a la luz lo que quisieron enterrar.

En el campamento de verano de Hacia lo Salvaje, tendrás la oportunidad de encontrarte con esta memoria en un evento muy especial que hemos llamado Akelarre para las 10 primeras inscripciones. Será un espacio para recordar, pero también para celebrar. Para decir: “Aquí estamos, seguimos vivas, y no nos callamos”.

Hacia lo Salvaje: viajes que sanan y empoderan

Viajar no es solo moverse. También es cambiar por dentro. Cuando caminas por un bosque, cuando duermes bajo las estrellas o cuando compartes risas junto a un río con otras mujeres, algo se despierta. Una parte tuya que había estado silenciada, como esas brujas de las que hablamos.

Hacia lo Salvaje no son unas vacaciones cualquiera. Son una invitación a reencontrarte contigo misma, con la Tierra, con otras. En nuestras propuestas e ofrecemos espacios de reflexión profunda. Y sí, también abrazos, fuegos compartidos y esa sensación de que no estás sola.

Este año, el campamento viene con un bonus extra: la presencia de Yolanda Palomo y su Akelarre. Será una experiencia única para conectar con la historia de las mujeres que nos precedieron y reclamar, juntas, un presente más libre y un futuro más justo.

Conclusión

La historia de las brujas no es solo pasado. Es una advertencia y, a la vez, una promesa. Nos dice lo que el poder teme: mujeres libres, cuerpos autónomos, comunidades que cuidan, conocimientos que no se venden. Pero también nos recuerda que podemos recuperar ese poder, que podemos sanar, recordar, resistir.

Hoy, más que nunca, necesitamos volver a lo salvaje. No como una huida, sino como un regreso. A nosotras. A la Tierra. A nuestras ancestras. A todo lo que el capitalismo intentó domesticar y aún late, fuerte, bajo la superficie.

No estás sola. Somos muchas. Y estamos despertando.

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