En 2025 visitaron Japón 42,7 millones de personas, un 15,8% más que el año anterior. Récord histórico. Y casi todas pasaron por las mismas ciudades.
Mientras tanto, en Nagoro, en el fondo del valle de Iya, viven poco más de veinte personas y hay más de trescientos cincuenta muñecos de tamaño real sentados en las paradas de autobús, en los bancales y en los pupitres de la escuela cerrada.
Los dos datos son del mismo país. Esa distancia es justo lo que quiero contarte aquí.
Este artículo va de un valle escondido en la isla de Shikoku que casi nadie mete en su ruta por Japón. Qué es, qué se ve, cómo recorrerlo y el por qué lo hemos incorporado a las dos ediciones de nuestro viaje por Japón con Irene Saki.
Mientras las ciudades de Japón se llenan, nosotras nos vamos a descubrir su lado más rural y salvaje
La llaman la ruta dorada: Tokio, Kioto, Osaka, con salidas a Nara, Hiroshima y el monte Fuji. Es un itinerario estupendo, no voy a decir lo contrario. El problema es que lo hacemos todas a la vez.
El yen barato y los vídeos de ramen y de cruces peatonales han hecho el resto. Japón no tiene un problema de cuántas turistas recibe, sino de dónde nos metemos todas. Y no lo digo yo, el propio gobierno japonés se ha marcado el objetivo de llegar a 60 millones de visitantes en 2030 y, a la vez, reconoce que hay que corregir la concentración en determinadas ciudades y regiones. Por eso ha subido el impuesto turístico internacional de 1.000 a 3.000 yenes y quiere pasar de 47 a 100 zonas con medidas contra la masificación.
Traducido: Japón está pidiendo que nos repartamos.
Así que una vez descubierto este valle, no podíamos no incluirlo en nuestro itinerario y apostar por pasar tres días en este remoto valle de montaña.
Qué es el valle de Iya y dónde está
El valle de Iya es un valle profundo y boscoso en el interior de la isla de Shikoku, en la prefectura de Tokushima, dentro del municipio de Miyoshi. Lo forman las gargantas que el río Iya ha ido excavando entre montañas, y se considera uno de los tres lugares más escondidos de Japón.
Para hacerte una idea de la escala, hablamos de laderas tan empinadas que los pueblos se sostienen sobre muros de piedra apilada, con casas colgadas de la montaña y campos en pendiente donde se siembra a mano.
La leyenda dice que aquí se refugiaron los supervivientes del clan Heike tras perder la guerra contra los Genji, en el siglo XII. Eligieron el sitio precisamente porque no se llegaba. Ocho siglos después, esa dificultad de acceso sigue siendo la razón por la que el valle de Iya conserva algo que otros rincones de Japón ya han perdido.
Nagoro, el pueblo donde los espantapájaros superan a las vecinas
Nagoro está en el fondo del valle de Iya. Llegó a tener trescientos habitantes. Hoy quedan poco más de veinte.
La historia empieza con Tsukimi Ayano, que volvió al pueblo donde nació para cuidar a su padre mayor. Plantó unas semillas, los pájaros se las comían, y fabricó un espantapájaros con la cara de su padre para protegerlas. Los vecinos lo saludaban al pasar, convencidos de que era él.
A partir de ahí no paró. Hoy hay más de trescientos cincuenta muñecos repartidos por Nagoro: esperando el autobús, trabajando la tierra, pescando en el río. En la escuela primaria, que cerró en 2012, hay dos muñecos vestidos exactamente igual que los últimos niños que pasaron por esas aulas. En el pueblo no nace un bebé desde hace veinte años.

Es fácil contarlo como una curiosidad macabra, y no lo es. Es una mujer mayor sosteniendo la memoria de un territorio que se está apagando, con las manos y con lo que tiene a mano, que es tela y paja.
Y no es un caso aislado, en todo Japón hay unos nueve millones de casas vacías, las llamadas akiya. La España vaciada tiene hermana japonesa, y se parecen más de lo que imaginamos. En los dos sitios, las que se quedan y sostienen suelen ser mujeres mayores a las que nadie pregunta nada.
Por cierto, el valle de Iya está dentro de la comarca de Nishi-Awa, cuyo sistema de agricultura en laderas está reconocido por la FAO como patrimonio agrícola de importancia mundial, mijos y variedades locales que se siguen cultivando en pendiente. Semillas, ladera y memoria. Nuestro tema de siempre, en japonés.
Los puentes de lianas de Kazurabashi
Los kazurabashi son puentes colgantes tejidos con lianas de montaña. Antiguamente eran la única forma de cruzar el río, y se dice que se hacían así para poder cortarlos rápido si aparecía el enemigo.
En el valle de Iya se conservan tres. El puente principal se rehace entero cada tres años, atando lianas nuevas, porque un puente vegetal no dura más que eso. Es un mantenimiento que se hereda, no un decorado.
Al fondo del valle está el doble puente de Oku-Iya, dos puentes de lianas paralelos que la tradición llama el del marido y el de la mujer.

Cómo recorrer el valle de Iya
En barco por la garganta de Oboke
La puerta de entrada es la estación de Oboke, a la que se llega en tren. Desde ahí sale un paseo en barco por la garganta que dura unos treinta minutos y ronda los 1.500 yenes, con salidas cada día del año de 9:00 a 17:00, salvo que haya viento fuerte o crecida.
Es la mejor manera de entender dónde te has metido, las rocas del cañón tienen más de cien millones de años y desde el agua se ven de una forma que desde la carretera no se aprecia.
En bici eléctrica hasta Kazurabashi
Sí ya, no lo podemos evitar, recorrer el territorio en bici nos encanta y si hay opción no la dejamos escapar. La ruta empieza en el parque Fureai y se sube hasta los miradores y hasta el puente de Kazurabashi. Son unos 17 kilómetros con sus cuestas.
Con bici eléctrica no hace falta ser ciclista, pero sí conviene estar acostumbrada a pedalear un rato. Es la misma lógica que aplicamos en la Shimanami Kaido en bici, la bici no está para sufrir, está para ir despacio y parar donde nos dé la gana.
Los onsen con funicular
En el valle de Iya hay dos onsen que merecen el desvío, y los dos tienen funicular.
- Uno baja hasta el fondo del río en un funicular de 250 metros y 42 grados de inclinación, que salva 170 metros de desnivel en unos cinco minutos, hasta unos baños al aire libre junto al agua. Está cerca de la famosa estatua del niño meando, asomada al precipicio.
- El otro sube en cabina hasta un baño al aire libre en lo alto de la montaña, con agua sulfurosa alcalina y el valle entero a los pies.
Los dos admiten baño de día sin dormir allí. Horarios y tarifas cambian según la temporada, así que conviene mirarlo en la web de turismo de Miyoshi antes de ir.
El fondo del valle: Ochiai, Nagoro y Ryugu
Para llegar al fondo del valle sí o sí hace falta vehículo, más que nada porque el transporte público hasta ahí es escaso. Nosotras lo resolvemos con un vehículo privado para todo el día.
En ese recorrido está la aldea de Ochiai, un pueblo entero construido en ladera con casas que van desde mediados del periodo Edo, hacia 1700, hasta los años treinta del siglo pasado. Está protegida como distrito de preservación nacional desde 2005. Y está Nagoro, y el mirador del parque de los acantilados de Ryugu.
El valle de Iya en primavera y en otoño
Hemos metido el valle de Iya en las dos ediciones de 2027 porque funciona en las dos, y cambia bastante de una a otra.
En primavera el valle va con retraso respecto a las ciudades. Cuando en Kioto ya han caído los pétalos, aquí arriba todavía hay cerezos abiertos y los bancales empiezan a moverse. Es la estación del verde nuevo.
En otoño el momiji en un valle de montaña no tiene nada que ver con el de un templo urbano, hay laderas enteras cambiando de color a la vez y la luz baja antes.
Si me obligas a elegir, diría que otoño es más espectacular y primavera más amable de temperatura. Pero ninguna de las dos está masificada, que era el asunto.

Preguntas Frecuentes sobre el Valle de Iya
¿Dónde está el valle de Iya?
El valle de Iya está en el interior de la isla de Shikoku, en la prefectura de Tokushima, dentro del municipio de Miyoshi. La entrada natural es la estación de Oboke, a la que se llega en tren desde Okayama o desde Takamatsu. Está considerado uno de los tres lugares más escondidos de Japón.
¿Se puede visitar el valle de Iya sin coche?
Sí, aunque hay que planificarlo. Se llega en tren hasta Oboke, y desde ahí se combinan el barco por la garganta, el autobús local y las bicis eléctricas que se alquilan en la zona. Para el fondo del valle, donde están Nagoro y Ochiai, el transporte público es muy escaso y conviene contratar un vehículo privado o un taxi para la jornada.
¿Cuántos días hacen falta para ver el valle de Iya?
Con tres días se ve bien y sin prisas. En uno solo da tiempo a la garganta de Oboke y al puente de Kazurabashi, pero te quedas sin el fondo del valle, que es la parte que de verdad diferencia este sitio.
¿Es peligroso cruzar el puente de lianas de Kazurabashi?
No es peligroso, está revisado y se rehace cada tres años. Otra cosa es que impresione: el suelo son troncos separados y se ve el río correr por debajo. Si tienes vértigo, lo vas a pasar regular, aunque se cruza en pocos minutos.
¿Cuál es la mejor época para ir al valle de Iya?
Primavera y otoño. En primavera los cerezos aguantan más arriba que en las ciudades, y en otoño las laderas cambian de color enteras. En verano hace calor y humedad, y en invierno la nieve complica los accesos de montaña.
¿El viaje a Japón de Hacia lo Salvaje incluye el valle de Iya?
Sí. Desde 2027 el valle de Iya entra en las dos ediciones de nuestro viaje a Japón, la de primavera y la de otoño, con tres días completos en la zona. Viajamos en grupo pequeño de mujeres, con guía en español, y hemos sacado del itinerario paradas más masificadas para hacerle sitio.






