Las cholitas escaladoras son mujeres aymaras que suben granden montañas con pollera, manta y trenzas. Durante años cocinaron y cargaron para las expediciones de la Cordillera Real mientras otros subían a la cumbre. En 2015 decidieron que la cima también era suya, que también era un espacio propio.
La primera vez que escuché a Elena Quispe contar su primera cumbre en la entrevista que le hice para el podcast de Hacia lo Salvaje, no habló de hazaña, habló de libertad. Todavía me emociono al recordar esa conversación. Hoy, en este artículo, te cuento más sobre las cholitas escaladoras, quiene son, dónde vienen y cómo conocerlas sin convertirlas en una postal.
¿Quiénes son las cholitas escaladoras de Bolivia?
Son un grupo de mujeres indígenas aymaras de La Paz y El Alto, de entre veintitantos y cincuenta y tantos años. Muchas trabajaban como cocineras y porteadoras en el Huayna Potosí, o estaban casadas con guías y porteadores de montaña. Vivían en la montaña, pero se quedaban siempre a media ladera.
El grupo nació de forma informal a finales de 2015, cuando una docena de mujeres decidió dejar de esperar en el refugio. Desde el principio su portavoz es Lidia Huayllas Estrada, que hoy coordina el grupo dentro de la asociación de guías de montaña AAPTAM. Elena Quispe, la más joven, nació en Chucura, un pueblo pequeño de la Cordillera Real, y empezó como ayudante de cocina y porteadora cuando emigró a la ciudad con catorce años.
Lo que las hace únicas no es solo la altura a la que llegan. Es que suben sin quitarse lo que son.
«Chola», pollera y bombín: lo que llevan puesto también cuenta
«Cholita» es el diminutivo de «chola», la palabra con la que desde la colonia se nombraba a las mujeres indígenas o mestizas que visten pollera. Durante mucho tiempo fue un insulto, y no hace tanto que en Bolivia a una mujer de pollera le podían negar la entrada a un restaurante, a una oficina o a un autobús.
Hoy muchas cholitas bolivianas le han dado la vuelta a la palabra y la llevan con orgullo. Remedios Loza, la primera mujer de pollera que llegó al Parlamento boliviano, abrió una puerta que parecía cerrada para siempre. Las cholitas escaladoras hacen lo mismo, solo que a 6.000 metros.
La pollera es una falda amplia que se lleva con varias enaguas debajo. Viene de la moda española de la época colonial, y los historiadores todavía discuten si se impuso a las mujeres indígenas o la adoptaron ellas. Encima va la manta bordada, a la espalda el aguayo de colores (donde se carga lo mismo un bebé que un piolet) y en la cabeza el sombrero bombín, que según cuentan llegó con los ferroviarios británicos y acabó siendo el símbolo de La Paz.
Escalar con todo eso puesto parece una locura vista desde aquí, con nuestra ropa técnica de tres capas. Para ellas es la única forma posible. Elena lo dice en una frase que se me quedó dentro: «Sin la pollera, para nosotras no hay montaña.»
De la cocina del refugio a la cumbre: la historia de las cholitas
La historia de las cholitas en la montaña empieza mucho antes de su primera cima. Preparaban el mate de coca y la comida para los turistas, subían peso hasta el campo alto y volvían a bajar mientras sus maridos o los clientes seguían hacia arriba. Un trabajo imprescindible y completamente invisible.
Si lo miras con gafas ecofeministas, es casi de manual. Sin esa cocina no había expedición, pero ninguna foto de cumbre las incluía. Son los cuidados de siempre, los que sostienen las hazañas que luego se cuentan con nombre de hombre.
Del Huayna Potosí al Aconcagua
En diciembre de 2015, once mujeres lideradas por Lidia Huayllas subieron al Huayna Potosí, de 6.088 metros, y lo consiguieron a la primera. A partir de ahí fueron a por las grandes de Bolivia: el Illimani (6.462 m) en 2017, el Sajama (6.542 m), la montaña más alta del país, en 2018, y también el Acotango, el Parinacota y el Pomarapi.
El 23 de enero de 2019 cinco de ellas intentaron el Aconcagua, el techo de América con sus 6.961 metros. Aquí muchos medios se equivocaron, y conviene contarlo bien. Hicieron cumbre Elena Quispe y Ana Lía Gonzales, las primeras mujeres aymaras en lograrlo. Lidia, Dora Magueño y Cecilia Llusco se dieron la vuelta muy cerca de la cima porque se les hacía tarde, que en alta montaña es exactamente lo que hay que hacer.
Racismo, machismo y cordada
Lidia Huayllas lo resume sin adornos: las han discriminado por ser aymaras y por ser mujeres. Les dijeron que volvieran a la cocina, pusieron en duda sus cumbres y durante años escalaron con material alquilado que a veces no estaba en muy buen estado.
Su respuesta no fue la rabia, fue la cordada. Se entrenan juntas, se esperan cuando una flaquea y celebran arriba todas a la vez. Aquí no hay conquista individual, hay un logro colectivo que ha abierto camino a muchas otras mujeres en la montaña boliviana. Y eso, la verdad, es lo que más me interesa de su historia.
Cómo vivió Elena su primera cima, y lo que sintió allí arriba entre nubes, te lo cuenta ella misma en el podcast 166 con Elena Quispe. Escúchala antes de seguir, que nadie lo cuenta como ella.
La Pachamama: subir a la montaña pidiendo permiso
Para las cholitas escaladoras, una montaña no se ataca ni se conquista. En la cosmovisión andina la Pachamama es la madre tierra, y las montañas son seres con presencia propia, los achachilas, a los que se respeta y se agradece. Antes de subir, se pide permiso.
Por eso cada ascenso empieza con una ofrenda: hojas de coca, alimentos y palabras de agradecimiento. Elena dice que la montaña a veces te recibe y a veces te rechaza, y que hay que saber escuchar cuál de las dos cosas está pasando. A quienes venimos del norte global, acostumbradas a hablar de «atacar cumbres» y «hacer cimas» como quien tacha una lista, nos viene bien escucharlo.
Si te interesa esta manera de relacionarse con la tierra, en el podcast 111 sobre la Pachamama y el Aconcagua tienes otra mirada de mujer en los Andes. Y en Descubre Abya Yala te cuento por qué muchos pueblos originarios no llaman América a este continente.
Conocer a las cholitas escaladoras en la Cordillera Real, sin convertirlas en postal
Aquí es donde me pongo seria. Las cholitas escaladoras se han hecho virales, y lo viral tiene un riesgo: que acabemos tratándolas como una atracción más, la foto exótica entre el Salar de Uyuni y el Mercado de las Brujas. Son guías de montaña profesionales, con una historia de lucha detrás, y la única forma coherente de conocerlas es caminar con ellas y pagarles por su trabajo.
Su territorio es la Cordillera Real, a pocas horas de La Paz. En el macizo del Condoriri, con el campo base junto a la laguna Chiar Khota a unos 4.700 metros, hay cumbres que no piden técnica de alpinismo. La más conocida es el Pico Austria, de unos 5.320 metros: una subida exigente por la altura pero sin glaciar, de tres a cuatro horas desde el campo base, con vistas al Condoriri, al Huayna Potosí y, en días claros, al Titicaca.
Ahí es donde vamos nosotras. El viaje a Bolivia con las cholitas escaladoras es para un grupo pequeño de entre dos y seis mujeres. Empezamos en La Paz y en Tiwanaku, para entender la cosmovisión antes de caminarla, y luego subimos al Condoriri, donde hacemos la ofrenda a la Pachamama con ellas, aclimatamos en el Pico Mirador y subimos juntas al Pico Austria. Al bajar nos esperan las tejedoras de Tuni Condoriri, y el viaje termina en el Salar de Uyuni y las lagunas del altiplano sur.
No hace falta ser alpinista, pero sí tener ganas de caminar despacio y de escuchar. Llegamos como invitadas, no como clientas de un espectáculo. Si te apetece vivirlo, tienes todo el día a día en la ficha del viaje, y si te apuntas a la preinscripción te avisamos las primeras cuando abramos plazas.

Preguntas frecuentes sobre las cholitas escaladoras
¿Quiénes son las cholitas escaladoras de Bolivia?
Son un grupo de mujeres indígenas aymaras de La Paz y El Alto que escalan montañas de más de 6.000 metros con su ropa tradicional. Antes trabajaban como cocineras y porteadoras en las expediciones, y en 2015 decidieron subir ellas a la cumbre. Hoy son guías de montaña.
¿Cuándo empezaron a escalar las cholitas?
En 2015, cuando once mujeres lideradas por Lidia Huayllas hicieron cumbre en el Huayna Potosí (6.088 m). Después subieron el Illimani, el Sajama y otras cimas bolivianas, y en enero de 2019 dos de ellas llegaron a la cumbre del Aconcagua.
¿De dónde son las cholitas escaladoras?
Son aymaras del altiplano boliviano. La mayoría vive en La Paz y en El Alto, aunque algunas, como Elena Quispe, nacieron en pueblos de la Cordillera Real como Chucura.
¿Cuándo es la próxima salida de Hacia lo Salvaje a Bolivia con las cholitas escaladoras?
Las fechas exactas y el precio se publicarán en la ficha del viaje. Si te apuntas a la preinscripción, te avisamos antes que a nadie y tienes prioridad para reservar plaza. más info aquí.
¿Qué nivel físico necesito para el viaje a Bolivia de Hacia lo Salvaje?
No necesitas experiencia en alpinismo, porque las rutas no son técnicas y lo que exige es la altura, de unos 4.500 a 5.320 metros. Si caminas con regularidad y te gusta el senderismo, vas bien, y si un día no quieres subir puedes quedarte en el campo base.





