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171. Por qué nos cuesta tanto decir lo que necesitamos (y cómo cambiarlo)

¿Te ha pasado alguna vez que, por más que te esfuerzas en explicarte, parece que hablas otro idioma?

Una conversación con una amiga que se tuerce. Un malentendido en el trabajo. Un mensaje en el grupo de WhatsApp que acaba en tensión.

A veces las palabras, en lugar de unirnos, parecen un muro. Y eso, si llegamos a usarlas. Porque muchas veces directamente evitamos la conversación para no incomodar, para no generar conflicto, para no quedar mal.

Vivimos hiperconectadas… pero ¿realmente sabemos comunicarnos?

Hoy nos sentamos alrededor del fuego de Hacia lo Salvaje para hablar de comunicación, de límites, de emociones y de esa valentía que implica decir lo que necesitamos sin atacar… y sin desaparecer.

Y para ello tengo conmigo a dos mujeres que han puesto la comunicación en el centro de su vida y de su trabajo:

Pilar de la Torre, formadora certificada en Comunicación No Violenta, formadora certificada de IFS, psicóloga con más de 30 años de experiencia acompañando a personas y equipos a comunicarse desde la empatía y la claridad.

Elena Arribas, periodista y fundadora de Genuina Escuela de Expresión, donde acompaña a personas y profesionales a hablar en público con autenticidad y presencia.

Lo que salió de ese encuentro va mucho más allá de técnicas para hablar mejor.

¿Nos estamos comunicando mejor o peor?

La pregunta parece sencilla. La respuesta, no tanto.

Tenemos más herramientas de comunicación que nunca y al mismo tiempo una sensación creciente de que no nos entendemos. Elena lo expresa sin rodeos: vivimos con un problema de atención. No nos escuchamos porque no estamos presentes. Estamos en la conversación, sí, pero con la mente en otro sitio.

Pilar, sin embargo, pone el foco en la perspectiva histórica. Cuando llegó a España después de conocer la comunicación no violenta en Francia, hace más de veinticinco años, no había ni un libro traducido ni una asociación. Hoy hay formadores certificados, empresas que piden formación, colegios que abren sus puertas. Algo está cambiando, aunque lento.

Las dos coinciden en algo esencial: el origen de gran parte de nuestro sufrimiento está en cómo nos relacionamos, y cómo nos relacionamos depende de cómo nos comunicamos. Ahí está tanto la fuente del dolor como la de la felicidad.

La brecha de género que nadie nombra en los cursos de comunicación

Los talleres de oratoria, los cursos de comunicación efectiva, los libros de autoayuda sobre asertividad… la mayoría parten de un punto de vista aparentemente neutro que en realidad no lo es. Porque las mujeres no llegamos a la comunicación desde el mismo lugar.

Elena lo describe con precisión: hay patrones que debilitan el mensaje sin que nos demos cuenta.

  • Entonar las afirmaciones como preguntas («Creo que esto podría funcionar… ¿no?»)
  • Usar mitigadores constantes («Solo quería comentar que…», «A lo mejor me equivoco pero…»)
  • Presentarnos con títulos más pequeños de los que tenemos
  • Pedir perdón antes de hablar

Estos no son tics personales. Son respuestas aprendidas ante un sistema que históricamente ha penalizado a las mujeres que tomaban espacio. Reconocerlos es el primer paso para soltarlos, sin autoexigencia, sin convertirlo en otro motivo de crítica hacia una misma.

El lenguaje importa. Adueñarnos de las palabras que nos colocan en nuestro lugar es también una forma de ocupar el espacio que nos corresponde.

Qué significa hablar sin atacar y sin desaparecer

Si ya has leído el artículo sobre comunicación no violenta en el blog Latido Salvaje sabes que este enfoque no es una técnica para hablar «bonito». Es una forma de relacionarse que parte de la empatía y la escucha, y que busca expresar lo que necesitamos sin dañar al otro ni borrarnos a nosotras mismas.

Pilar lo define desde lo más concreto: la comunicación violenta nos hace sufrir, y ese sufrimiento vuelve como un boomerang. Cuando atacamos, cuando callamos por miedo, cuando complacemos sin elegirlo… todo eso tiene un coste. Para la relación, y para nosotras.

Los cuatro pilares que trabaja la comunicación no violenta son:

  1. Observar sin juzgar: describir lo que ocurre de la forma más objetiva posible, sin interpretaciones ni etiquetas.
  2. Identificar y nombrar lo que sientes: hablar desde la emoción propia, no desde la acusación.
  3. Reconocer la necesidad detrás de esa emoción: ¿qué te falta? ¿Reconocimiento, tiempo, tranquilidad…?
  4. Hacer una petición clara y concreta: sin indirectas ni órdenes. Pedir desde la honestidad.

Este proceso, que puede sonar sencillo, es en realidad uno de los aprendizajes más profundos que existen. Porque requiere parar. Escucharse. Y hablar desde ahí. De hecho, en el Campamento de Mujeres en el Pirineo que organizamos cada verano, los talleres de comunicación no violenta son uno de los momentos que más huella dejan. No es casualidad: en un entorno de naturaleza y sororidad, estas herramientas aterrizan de una manera completamente diferente a como lo hacen en una sala de formación.

decir lo que necesitamos

El cuerpo también habla: cómo prepararte para conversaciones difíciles

Una de las ideas que más resuenan en este episodio es la que propone Elena: antes de hablar, pasa por el cuerpo.

Somos muy mentales. Preparamos los argumentos, repasamos los puntos, anticipamos las respuestas. Y llegamos a la conversación con la voz tensa, los hombros encogidos y la respiración cortada. El cuerpo delata lo que la mente intenta controlar (sobre esto profundizamos een el episodio sobre biodanza)

Su propuesta es concreta: antes de una reunión importante, una conversación difícil o cualquier momento donde quieras hablar con presencia, muévete. Estira. Salta. Sacude el cuerpo. Actívalo para que pueda acompañar a la voz.

Los nervios no desaparecen. Tampoco deberían, porque indican que algo te importa. Pero sí pueden transformarse en energía en lugar de en bloqueo. Esa diferencia se nota en la voz, en la postura y, sobre todo, en cómo te percibes tú misma.

Decir que sí cuando quieres decir que no: el coste del complacimiento

Elena tamibén nos propone una pregunta como herramienta de reflexión y que merece quedarse:

Cuando dices que sí, ¿a qué estás diciendo que no?

Decir que sí a un plan que no te apetece es decir que no a tu descanso. Asumir una tarea que no te corresponde en el trabajo es decir que no a tu energía, a tu tiempo, a lo que sí necesitabas hacer.

El complacimiento tiene una cara amable: conectamos, evitamos el conflicto, mantenemos la paz. Pero tiene un coste silencioso que es el resentimiento. Esa sensación de haberte traicionado a ti misma para satisfacer a otra persona o para preservar una relación que, paradójicamente, se fragiliza cada vez que no eres honesta en ella.

Aprender a decir que no con empatía y sin destruir el vínculo es uno de los aprendizajes más valiosos que existen. Y es un aprendizaje, no una virtud innata. Se practica. Se tropieza. Se vuelve a intentar. Como señala Pilar, el objetivo no es convertirlo en una exigencia más ni en un nuevo motivo de crítica hacia una misma. Se trata de ir encontrando, poquico a poco y a nuestro ritmo, el equilibrio entre la conexión con la otra persona y la conexión con nosotras mismas.

Recursos: libros, herramientas y guías para seguir

Al final del episodio, pedí a Pilar y a Elena que compartieran recursos concretos para quienes quieran iniciar este camino.

De Pilar de la Torre

Formarte en comunicación no violenta. En su web comunicacionnoviolenta.com encontrarás talleres, formaciones y grupos de práctica.

De Elena Arribas

La guía gratuita de Genuina: Los 10 errores más comunes al hablar en público, un manual sin paja ni recomendaciones de IA, hecho desde la experiencia real. Un buen primer paso para quien quiera trabajar su expresión con autenticidad.

Lecturas recomendadas con perspectiva de género:

  • No lo haré bien, de Emma Vallespinós. Una exploración honesta del síndrome de la impostora y del miedo que llevamos las mujeres cuando tomamos la palabra.
  • Ni por favor ni por favora, de María Martín Barranco. Un ensayo ágil y con mucho humor sobre el lenguaje inclusivo y cómo el propio idioma ha invisibilizado a las mujeres durante siglos.
  • La mujer invisible, de Caroline Criado Perez. Un ensayo imprescindible y documentadísimo que demuestra cómo los datos y los sistemas de este mundo han sido diseñados por y para hombres, con consecuencias reales y cotidianas para todas nosotras.

Y si quieres profundizar en los fundamentos de todo esto, en el blog te recuerdo que tienes el artículo con una introdución a qué es la comunicación no violenta y cómo aplicarla.

Comunicarse es también un acto político

Aprender a comunicarnos mejor no es solo una cuestión de habilidades sociales. Es un acto de recuperación de la propia voz.

Durante mucho tiempo, y todavía hoy, las voces de las mujeres han sido interrumpidas, silenciadas, reducidas. Aprender a ocupar el espacio que nos corresponde, a expresar lo que necesitamos sin atacar ni desaparecer, es también una forma de resistencia. Pequeña, cotidiana, profunda.

Preguntas frecuentes sobre Comunicación y Mujeres

¿Por qué nos cuesta tanto a las mujeres decir lo que necesitamos?

Porque hemos sido socializadas para priorizar las necesidades de los demás sobre las propias, para evitar el conflicto y para no «molestar». Estos patrones no son rasgos de carácter, son respuestas aprendidas ante un sistema que ha penalizado históricamente a las mujeres que tomaban espacio o decían no. Reconocerlos es el primer paso para cambiarlos.

¿Qué es la comunicación no violenta y para qué sirve?

Es un enfoque de comunicación desarrollado por el psicólogo Marshall Rosenberg que nos invita a expresar lo que sentimos y necesitamos sin atacar ni culpar, y a escuchar a los demás desde la empatía. No se trata de hablar «bonito» ni de evitar conflictos, sino de aprender a decir lo que necesitamos sin desaparecer ni agredir.

¿Cómo puedo empezar a poner límites sin romper la relación?

Una herramienta sencilla es hacerte esta pregunta antes de decir que sí: ¿a qué estoy diciendo que no si acepto esto? A tu descanso, a tu tiempo, a tus necesidades. Desde esa conciencia, es más fácil encontrar una respuesta que también cuide el vínculo. La comunicación no violenta ofrece una estructura concreta para hacerlo paso a paso.

¿Qué patrones de comunicación debilitan el mensaje de las mujeres sin que nos demos cuenta?

Algunos de los más comunes son: entonar las afirmaciones como preguntas, usar mitigadores constantes («solo quería decir que…»), presentarnos con títulos más pequeños de los que tenemos y pedir perdón antes de hablar. Todos ellos son hábitos aprendidos, no rasgos innatos, y se pueden cambiar con práctica y acompañamiento.

¿Sirve de algo trabajar la comunicación desde el cuerpo?

Mucho. El cuerpo delata lo que la mente intenta controlar. Cuando llegamos a una conversación difícil con el cuerpo tenso, la voz también llega tensa. Trabajar la presencia corporal antes de una reunión o conversación importante, moviéndose, estirando o simplemente respirando, puede cambiar notablemente cómo nos expresamos y cómo nos perciben. En ese sentido quizá te interese este episodio.

¿Dónde puedo aprender estas herramientas de forma práctica?

En el podcast Hacia lo Salvaje hablamos de esto en el episodio 171, con dos expertas: Pilar de la Torre, formadora en comunicación no violenta, y Elena Arribas, de Genuina Escuela de Expresión. También puedes descargarte la guía gratuita de Elena sobre los 10 errores más comunes al hablar en público. Y si quieres vivirlo en un entorno de naturaleza y sororidad, en el Campamento de Mujeres en el Pirineo trabajamos estas herramientas de forma experiencial.

¿Comunicarse mejor es algo que se puede aprender a cualquier edad?

Sí, completamente. La comunicación es una habilidad, no un don. Muchas personas lo empiezan a trabajar en la cuarentena, la cincuentena o más adelante, cuando los patrones aprendidos ya se han vuelto muy visibles. Lo importante no es el punto de partida sino la disposición a observarse y a practicar con paciencia.

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