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Turismo extractivo: el mapa con el que crecimos hace África pequeña

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La primera vez que vi un mapamundi colgado en la pared de un restaurante en Japón, tardé un rato ridículo en encontrar España. No estaba donde mi cabeza la buscaba. En su mapa el Pacífico va en el centro, Japón queda justo en mitad de la pared y Europa aparece arrinconada en un extremo, pequeñica, casi de relleno.

Me acordé de aquello hace unos días, leyendo que la ONU acaba de recomendar jubilar el mapa que casi todas llevamos metido en la cabeza porque encoge África hasta dejarla del tamaño de Groenlandia.

Y de esa costumbre de dibujar a unos grandes y a otras pequeñas sale algo más incómodo que un error de escala, sale una forma de viajar. Aquí quiero contarte qué es el turismo extractivo, qué tiene que ver con una proyección cartográfica del siglo XVI y por qué reconocer el mapa que llevas puesto es el trabajo previo a cualquier viaje que merezca la pena.

Turismo extractivo

El mapa que vi en Japón no era mi mapa

Lo primero que noté no fue una idea, fue una sensación física, buscar tu país donde siempre está y que no esté. Descoloca más de lo que parece.

Ellos centran el Pacífico. América queda a la derecha, Europa a la izquierda, y nosotras dejamos de ser el punto desde el que se mide todo. Ni mejor ni peor. Simplemente otro centro.

Y una vez que ves eso, empiezas a oír cosas raras en palabras que llevas usando toda la vida. Decimos «Lejano Oriente» y «Oriente Medio» sin pestañear. Lejano y medio, ¿respecto a dónde? Respecto a Londres.

Tampoco el norte arriba tiene nada de natural. Los mapas islámicos medievales ponían el sur en la parte de arriba, y los cristianos ponían el este, con Jerusalén en el centro. En 1979 un australiano de veintiún años, Stuart McArthur, publicó un mapamundi con el sur arriba porque estaba harto de que se rieran de él por venir «de abajo». Lo llamó, con toda la retranca, el Mapa Universal Correctivo.

Ningún mapa es una foto del mundo. Todos son una decisión. Y toda decisión tiene a alguien detrás tomándola. Guárdate esa idea, porque es la raíz de lo que luego llamamos turismo extractivo.

África es catorce veces Groenlandia, aunque tu mapa diga otra cosa

Vamos con los números, que aquí sí que se ve claro.

África mide unos 30,3 millones de kilómetros cuadrados. Groenlandia, 2,17 millones. Es decir, África es unas catorce veces más grande que Groenlandia, aunque en el mapa del aula parezcan más o menos lo mismo. Dentro de África caben Estados Unidos, China, India y casi toda Europa a la vez.

El culpable tiene nombre, la proyección de Mercator, dibujada en 1569 por el cartógrafo flamenco Gerardus Mercator. Vale sí, culpable no es la palabra, no digo yo que Mercator lo hicera para empequeñecer a nadie, la hizo para navegar. Quería que una línea recta trazada en el papel se correspondiera con un rumbo constante de brújula, y para conseguirlo tuvo que ir estirando las latitudes conforme se acercaba a los polos. La distorsión no fue el objetivo. Fue el precio.

Lo que sí me parece difícil de defender es lo que vino después.

En noviembre de 1884, catorce delegaciones europeas se sentaron en Berlín a repartirse África sobre un mapa. Terminaron en febrero de 1885. No había ni un solo africano en la sala. Ahí el mapa dejó de ser una representación del mundo y pasó a ser la herramienta con la que se trazaron fronteras que todavía duelen.

Así que no, no hace falta atribuirle malas intenciones a un cartógrafo del XVI.

Basta con mirar quién ha tenido el lápiz en la mano durante los cuatrocientos años siguientes. Los países que mandan llevan siglos dibujándose grandes, y no por casualidad. Esa costumbre de encoger al otro es el antepasado directo del turismo extractivo que practicamos hoy sin querer.

El 4 de septiembre de 2026 la Asamblea General de la ONU adoptó la resolución «Correct the Map» y respaldó la proyección Equal Earth, que reparte las superficies de forma mucho más justa.

No es vinculante, es una recomendación, y una corrección simbólica no deshace por sí sola siglos de extractivismo. Tampoco es la solución definitiva, porque no existe. Ya lo demostró Gauss en 1827, una esfera no se puede desplegar en un plano sin romperla. Puedes conservar la superficie, o la forma, o la distancia, pero nunca las tres. El mapa de Peters, que en los setenta se vendió como el mapa descolonizador, arreglaba los tamaños y a cambio dejaba los países ecuatoriales estirados como calcetines mojados.

Qué es el turismo extractivo y qué tiene que ver con un mapa

Una definición corta

El turismo extractivo es aquel que saca valor de un territorio (recursos, imágenes, tiempo, cuidados, historias) sin dejar allí nada equivalente a cambio, y sin que la gente del lugar decida cómo se cuenta ni cómo se reparte.

Se reconoce por señales bastante concretas, el dinero entra y sale del país casi el mismo día, porque el alojamiento, el transporte y la agencia son de fuera. La gente local trabaja en el escalón peor pagado y nunca en el que decide y se queda al margen del relato.

El turismo extractivo no necesita mala fe para funcionar. Funciona con buenas intenciones y un mapa mental equivocado, que es lo que lo hace tan difícil de ver desde dentro.

Del mapa pequeño a la mirada pequeña

Y aquí es donde enlazan las dos cosas. Un continente que se dibuja pequeño se acaba pensando pequeño. Y de paso homogéneo, como si Senegal, Etiopía y Angola fuesen variaciones de lo mismo. Y necesitado, siempre necesitado.

De esa imagen mental sale una viajera concreta, y es la protagonista involuntaria del turismo extractivo, la que llega a aportar. La que da por hecho que allí falta algo y que ella trae la pieza. Nadie viaja pensando «voy a practicar turismo extractivo», pero el mapa que llevamos dentro empuja en esa dirección sin que nos demos cuenta.

Cuando pisas la isla de Gorée, frente a Dakar, esa diferencia se nota en dos minutos. Hay quien va a entender qué pasó allí y hay quien va a hacerse una foto en la puerta. La distancia entre el turismo extractivo y el turismo responsable cabe entera en ese gesto.

El relato que nos coloca a nosotras en el centro

Casi todas hemos crecido con un relato sobre África que nos coloca a nosotras en el centro. No es culpa nuestra, pero es nuestro. Está en los libros del colegio, en los anuncios de las oenegés de los noventa, en las películas donde el continente entero es el paisaje de fondo del viaje interior de alguien blanco.

Reconocer eso ya es un trabajo hecho. Y no todo el mundo lo ha hecho.

Cuando lo reconoces, cambia la pregunta con la que preparas el viaje, y ahí es donde de verdad se sale del turismo extractivo. Dejas de preguntarte qué vas a ver y empiezas a preguntarte quién te lo va a contar. Que no es lo mismo escuchar la historia de la Casamance en boca de una guía europea que escucharla de las mujeres que la han sostenido durante décadas, o conocer a una figura como Aline Sitoé Diatta por quienes la reivindican allí.

Nombrar y dibujar son el mismo gesto, por cierto. Ya lo vimos cuando hablamos de Abya Yala, el nombre que tenía América antes de llamarse América. Quien pone el nombre y quien traza el mapa está decidiendo, sin preguntar, qué existe y qué cabe.

Ocupar el espacio que te corresponde

Hay una cosa más que llevo días dándole vueltas, y es más personal.

A este continente le han dicho durante siglos que era más pequeño de lo que es. Y luego resulta que lo mides y ocupa catorce veces lo que parecía.

A muchas de nosotras nos han contado algo parecido. Ocupa poco, no molestes, no hables tan alto, no ocupes tanto sitio en la mesa. Y una se lo cree, y se hace pequeña, y encima le parece elegante.

Corregir un mapa y ocupar el espacio que te corresponde son el mismo gesto. No es agrandarse a la fuerza ni quitarle sitio a nadie. Es dejar de aceptar una medida que otro decidió por ti.

Por eso este tema no me parece una curiosidad de geógrafos. Me parece que va al fondo del asunto, y que sin ese fondo el debate sobre el turismo extractivo se queda en una lista de buenas maneras.

Cinco señales de que no estás viajando así

Después de bastantes viajes y de bastantes conversaciones, tengo la impresión de que la diferencia no la marca el país. La marca con qué llegas. Estas son las cinco señales que sí distinguen a quien está lejos del turismo extractivo:

  1. Vienes con preguntas, no con respuestas. No vienes a confirmar lo que ya sabías de África. Vienes porque no lo sabes, y eso no te da miedo, te da curiosidad. Si sales de casa con todo clarísimo, el viaje te va a parecer bonito. Si sales con los ojos abiertos, te va a parecer necesario.
  2. No vienes a salvar a nadie. Ni a enseñar, ni a arreglar, ni a donar tu criterio. Vienes con más ganas de escuchar que de aportar, que es justo lo contrario del turismo extractivo de toda la vida.
  3. Te llevas bien con la incomodidad menor. Y no hablo de peligro, que ya te veo venir. Hablo de una cama más básica que la de casa, de un trayecto largo por carretera, de no saber exactamente qué vas a comer, de quedarte sin wifi justo cuando lo necesitabas. Quien necesita controlar cada variable del día gasta toda su energía en gestionarse a sí misma y no le queda para mirar alrededor.
  4. Traes tu historia y no te disuelves en el grupo. Las mejores conversaciones salen en el camino, en la piragua, esperando el ferry, después de cenar. Y para que eso pase hace falta que cada una llegue siendo ella.
  5. Te dejas afectar. No hablo de llorar en Gorée, que puede pasar y no pasa nada. Hablo de no protegerte de lo que el viaje te quiere decir, y de no procesarlo todo tan rápido que no le dé tiempo a calar.

Ninguna de las cinco tiene que ver con el destino. Todas tienen que ver con el mapa que llevas dentro, y por eso el turismo extractivo se combate antes de hacer la maleta.

Viajar a Senegal con quien vive Senegal

Qué cambia cuando la que cuenta es de allí

Lo que hacemos nosotras para no caer en el turismo extractivo no es una declaración de principios, es una lista de decisiones concretas.

En nuestro viaje a Senegal y la Casamance la guía es Fatou, senegalesa, que vive el país desde dentro y no lo explica de oídas. Nos acompaña Ángela, con más de veinte años trabajando en igualdad, violencias de género e intervención social. Y el itinerario pasa por proyectos de mujeres donde hay encuentro de verdad, no una visita rápida con foto.

Grupos pequeños, contratación local y de mujeres siempre que se puede, y un precio que no es barato precisamente porque lo que incluye lo incluye de verdad. No hay forma de evitar el turismo extractivo sin pagar lo que cuesta no practicarlo.

Por si te has reconocido en esas cinco señales

Si al leer la lista de arriba has pensado «esta soy yo», probablemente este viaje sea para ti. Y si has pensado «esta no soy yo, pero me gustaría serlo», también.

Doce días de Dakar a la Casamance, en diciembre. Puedes ver el viaje de mujeres a Senegal y Casamance completo, con el itinerario día a día, las fechas exactas, el precio y las condiciones de reserva.

Preguntas sobre turismo extractivo

¿Qué es el turismo extractivo?

El turismo extractivo es el que saca valor de un territorio (recursos, imágenes, tiempo, cuidados o historias) sin dejar allí nada equivalente a cambio y sin que la población local decida cómo se cuenta ni cómo se reparte el beneficio. No requiere mala intención: basta con que el dinero salga del país casi al entrar y con que el relato lo escriba entera quien viene de fuera.

¿Por qué el mapa de Mercator hace que África parezca pequeña?

Porque es una proyección pensada para navegar, no para comparar superficies. Mercator estiró las latitudes hacia los polos para que una línea recta en el papel equivaliera a un rumbo constante de brújula. El efecto secundario es que las tierras cercanas al ecuador se ven mucho menores de lo que son y las cercanas a los polos, mucho mayores.

¿Viajar a África es turismo extractivo?

No por definición, y conviene no confundir turismo extractivo con destino en vías de desarrollo. Lo extractivo no es el lugar, es cómo se organiza el viaje y con qué actitud se llega. Un viaje con guías locales, alojamiento de propiedad local y decisiones compartidas deja beneficio en el territorio. Uno donde todo lo gestiona una empresa extranjera y la gente del lugar solo aparece de figurante está mucho más cerca del turismo extractivo.

¿Qué mapa del mundo es el más fiel?

Ninguno lo es del todo, y eso no es una opinión sino geometría: una esfera no puede aplanarse sin deformarse. La proyección Equal Earth, respaldada por la ONU en septiembre de 2026, representa las superficies de forma mucho más justa que Mercator, aunque a cambio no sirve para navegar. Cada mapa elige qué conservar y qué sacrificar.

¿Cómo evita Hacia lo Salvaje el turismo extractivo en sus viajes?

Trabajamos con guías locales, y siempre que se puede con mujeres, en grupos pequeños y con proyectos del territorio que forman parte del itinerario, no del decorado. En el viaje a Senegal y la Casamance eso significa una guía senegalesa, una facilitadora especializada en igualdad y encuentros con asociaciones de mujeres de la zona.

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