Mujeres Rurales Diversas: Historias de Resistencia, Cambios y Futuro

¿Sabes qué pasa cuando una mujer decide quedarse en el pueblo? Que desafía las estadísticas. Que construye futuro. Que transforma el espacio que otros consideran olvidado en un territorio lleno de posibilidades.

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Hoy vamos a hablar de una historia que quizás te suene, mujeres que sostienen comunidades, que trabajan sin reconocimiento, que han visto a sus amigas marcharse mientras ellas resisten.

Pero también, mujeres que se organizan, que emprenden, que alzan la voz. Mujeres que están reescribiendo el significado de la ruralidad.

Si alguna vez has sentido que la vida en los pueblos no es como te la cuentan en Instagram, quédate. Aquí hablamos de la realidad sin filtros y con esa energía que nos empuja a cambiar las cosas.

Un artículo basado en el trabajo de Fátima Cruz, Profesora de Psicología Social en la Universidad de Valladolid, concretamente en su tesis “Género, psicología y desarrollo rural: La construcción de nuevas identidades”.

A lo que, además de mi experiencia tras 6 años viviendo en entornos rurales, sumo aportaciones de un coloquio/podcast con 10 mujeres que habitan en diferentes pueblos de la geografía española.

La (in)visibilidad de las mujeres rurales

Si te imaginas a una mujer rural, ¿qué imagen te viene a la cabeza?

Seguramente, alguien en un campo, con las manos en la tierra, trabajando sin descanso.

Y sí, eso pasa. Pero ¿qué hay de la empresaria que monta su negocio de turismo rural? ¿De esas jóvenes que crean un proyecto de actividades educativas para fomentar la conciliación? ¿De la vecina que se esfuerza por la defensa de su territorio y frenar la la amenaza de megafábricas de celulosa? O de artistas, científicas, psicólogas y tantas cosas más.

Eso sin hablar de las que su trabajo sigue considerándose “una ayuda” y no un empleo real, haciendo que muchos trabajos queden en esa “economía sumergida” o dificultando todavía más la conciliación tal y como mencionó Alba en el capítulo 150 del podcast.

Urbanocentrismo, la ciudad como ombligo del mundo.

Ahora viene el gran elefante en la habitación: la urbano-normatividad.

¿Y eso qué significa?

Básicamente, que todo lo que se considera desarrollo, modernidad y éxito está ligado a la ciudad. El mensaje es claro: si quieres oportunidades, si quieres crecer, si quieres ser alguien, vete.

En el podcast, Annabel Roda compartió su experiencia: “Me marché con la idea de no volver, porque se nos educó en que el éxito estaba fuera. Pero tras años en distintas ciudades y en el extranjero, volví a mi pueblo y me convertí en periodista rural”.

El problema es que esta idea no solo viene de la publicidad o de las películas, está en las políticas públicas, en la educación, en los medios de comunicación. Se asume que el destino natural de cualquier persona con ambiciones es dejar su pueblo atrás y empezar de cero en la ciudad.

Esto tiene consecuencias brutales:

  • El éxodo femenino. Muchas mujeres han sentido que quedarse era sinónimo de fracaso. Que la única forma de tener independencia era mudarse.
  • El desmantelamiento de servicios. Como se da por hecho que la gente se va, se cierran escuelas, hospitales, transportes. Así que quienes se quedan tienen menos derechos que en la ciudad.
  • El desprecio a lo rural. Se nos vende una imagen de los pueblos como lugares atrasados, sin cultura ni innovación.

Pero, ¿y si en vez de abandonar los pueblos, les damos el valor que merecen?

Hay mujeres que están rompiendo con este urbanocentrismo, demostrando que la vida rural puede ser moderna, innovadora y feminista. Que no hace falta irse a la ciudad para encontrar oportunidades, sino transformar las que ya existen en los pueblos.

El futuro no tiene por qué ser solo urbano. Pero para que esto funcione, necesitamos políticas que entiendan que el desarrollo rural no es un capricho, sino una necesidad.

Mujeres que se quedan: La gran rebelión silenciosa

Si miras las cifras, el éxodo femenino en los pueblos ha sido brutal. Se han ido en busca de estudios, de independencia, de escapar de la presión social, de más estímulos… Pero hay un grupo que ha decidido quedarse y desafiar la norma.

¿Por qué?

Porque quedarse no significa conformarse. Significa reinventar el pueblo, darle la vuelta al concepto de ruralidad. Estas mujeres han entendido que no se trata solo de resistir, sino de transformar.

Sara, una de las participantes del podcast, lo resume perfectamente: “Yo desde bien jovencita había sido raveira, me gusta el Sightrans y el Techno, y cuando mis hijos crecieron, decidí hacerme DJ profesional a los 40 años. Siempre he pinchado en zonas rurales porque es lo que más me gusta”.

Liliana compartió su decisión de mudarse al campo: “Yo antes vivía en Córdoba y lo veía complicado… pero cuando vi que podía compaginar mi trabajo con vivir en el rural, tomé la decisión de mudarme a Álora”.

Aquí hay mujeres que han montado proyectos de culturales, de costura sostenible,, son periodistas, científicas, que están luchando contra proyectos extractivistas, que han convertido sus casas en espacios de encuentro y aprendizaje.

Cada una con su historia, todas con un punto en común: el compromiso con su comunidad reclamando su espacio y el deseo de cambiar las reglas del juego.

Cuando el pueblo se convierte en un club de hombres

Hablemos también de la gran sombra que acecha los pueblos: la masculinización.

A medida que las mujeres se van, los pueblos se llenan de hombres solteros, muchas veces mayores, con pocas opciones de formar una familia o de encontrar compañeras de vida.

Esto no es casualidad. La falta de oportunidades laborales y la sobrecarga de trabajo doméstico hacen que muchas jóvenes no vean viable quedarse en el pueblo.

Además, el machismo sigue presente en muchas comunidades rurales, donde se espera que las mujeres asuman roles tradicionales mientras los hombres continúan con su vida como siempre.


María lo explica perfectamente, “yo cuando me subo en el tractor y me cruzo con tractoristas, me miran como diciendo “hostía una mujer”, de hecho, aquí hay un grupo de tractoristas de la comarca al que solicito entrar y me dicen que no, que como va a entrar una mujer en el grupo de tractoristas, que son todo hombres, y yo les digo que por qué no, si yo conduzco un tractor, soy trastorista también, o sea tengo ese derecho y reivindico mi lugar

Lo que está claro es que si queremos que los pueblos tengan futuro, necesitamos que las mujeres encuentren razones para quedarse (o mudarse). Y eso implica trabajo digno, acceso a servicios y, sobre todo, un cambio de mentalidad.

La gran mentira del “idilio rural”

Nos han vendido la vida en el campo como algo idílico: el huerto, la casa con vistas, la paz absoluta.

Pero esa postal bucólica oculta la falta de servicios, la precariedad laboral, la dificultad para acceder a la educación y, en muchos casos, aislamiento e incomunicación.

Como bien dijo Natalia: “No todo es tan bonito, el entorno te da mucho pero también te exige… hay que estar fuerte y preparada para afrontar los retos del rural“.

Yolanda también lo expresó con claridad: “Cuando cae una gran nevada es muy bonito imaginarse con la manta y la copa de vino pero la realidad es que da miedo salir y coger el coche para seguir con tu vida cotidiana”.

Y es que no se trata de idealizar ni de demonizar la vida en los pueblos. Se trata de verlos como lo que son: espacios llenos de desafíos, pero también de oportunidades. Porque si algo está claro es que las mujeres rurales no necesitan que las romanticemos, necesitan que las apoyemos.

Emprender en el pueblo: entre la libertad y la trampa de la conciliación

Cada vez más mujeres en el medio rural han optado por emprender. No porque sea una moda, sino porque muchas veces es la única salida laboral que tienen.

Montar un negocio propio les permite quedarse en su comunidad y generar ingresos, pero también significa enfrentarse a jornadas eternas, a la falta de financiación y, en muchos casos, a la dificultad de separar la vida laboral de la personal.

Como explicó Annabel Roda en el podcast: “Hicimos un reportaje para la revista Salvaje y nos encontramos con que mucha gente del pueblo estaba estresada precisamente por esto, por el tema de la conciliación. No es lo idílico que a veces se cree, hay mucha carga y presión”.

Y aquí está el problema: a muchas mujeres se les sigue viendo como “madres que trabajan”, mientras que los hombres son “profesionales con familia”.

El peso del hogar sigue recayendo sobre ellas, incluso cuando dirigen sus propios proyectos.

Emprender no debería ser la única opción para las mujeres rurales. Necesitamos políticas que favorezcan el empleo digno y servicios que faciliten la conciliación. Porque sí, quieren emprender, pero también quieren poder elegir.

Ecofeminismo y gobernanza rural: Cuando las mujeres rurales toman las riendas del territorio

¿Y si te digo que las mujeres han sido las guardianas invisibles del medio ambiente rural?

Ellas son las que han mantenido las prácticas agrícolas sostenibles, las que han conservado el conocimiento tradicional, las que han luchado contra el despilfarro de recursos.

Durante el podcast Yolanda compartió su proyecto para recuperar la historia y leyenda de las brujas de Aragón y transmitirla a través de actividades culturales.

Natalia, apicultura ecológica en Galicia desarrolla proyectos de educación ambiental y tiene un papel activo en la defensa del territorio para frenar a la macrocelulosa de Altri.

Laura, artesana en Cantabria, explicó: “Hago bolsos y mochilas que cuentan historias, con estampados inspirados en la fauna y la flora del valle” de Liébana.

Paloma destacó su proyecto educativo: “Lo que hacemos es acercar servicios que nosotras no pudimos disfrutar cuando éramos niñas a nuestra zona y a los municipios del alrededor”.

Y curiosamente, son las menos representadas en los espacios de toma de decisiones sobre el territorio. ¿Cómo puede ser que las mismas mujeres que sostienen estos pueblos no tengan voz en su gestión?

El ecofeminismo nos dice que no podemos hablar de sostenibilidad sin hablar de igualdad de género. Porque la justicia ambiental y la justicia social van de la mano.

Si queremos un mundo rural vivo, necesitamos mujeres liderando ese cambio. Y eso significa que deben estar en los espacios donde se decide qué se cultiva (y no sólo en la tierra), cómo se distribuyen los recursos y hacia dónde va el desarrollo rural.

No va de ser heroínas, va de tener derechos

Las mujeres rurales han sido presentadas muchas veces como heroínas, incansables, luchadoras, sacrificadas.

Pero la verdad es que creo que lo que quieres es simplemene poder vivir en los pueblos sin que eso signifique renunciar a oportunidades, construir un mundo rural feminista, diverso y sostenible.

Y eso no es un sueño, es una necesidad.

Y ahora dime…

Si has llegado hasta aquí, es porque este tema te toca de cerca.

¿Eres una mujer rural? ¿Has pensado en mudarte a un pueblo? ¿Conoces a alguien que esté luchando por cambiar su comunidad?

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